Asociación libre
Curiosidad, expectativas, bloqueo, angustia, mas curiosidad, movimiento, reflexiones, pensamientos en movimiento, conversaciones que salen de la sala de clase, al pasillo, que salen de la universidad, al bar, y hasta el almuerzo familiar, cuestionamientos, psicología, “poder”, terapeuta de que? para quien?, curar? , ¿Sanar? Frustración, psiquiatría, rabia, no- saber, ver, mirarme, vergüenza, preguntas, responsabilidad, me la podré…Integrar, apoyar, acompañar, respetar, tranquilidad, silencio, reflexión, aceptación, acompañar /ado/ ando. Esperanza, adaptarse, crear realidades, subjetividad, crecer.
“Camino de Dulce y Agraz”
Darme cuenta…
“Todo lo dicho es dicho por alguien – conocer es hacer”
Entrar en mi mundo, sinceridad conmigo misma y con el otro en el espacio psicoterapéutico, reconocer (me) mi toma de posiciones en cada acto y cada palabra que allí se dice, reflexiones constantes sobre mis limites, sobre mi opinión, jugarme… atreverse... paradójico porque siempre he mirado los juegos con recelo, en general no me atrevo mucho, no juego mucho, me cuesta. Hay fantasmas “tontos” dando vuelta que no me ayudan a jugar, a “estar ahí”, me cuesta, me angustia.
Blackout, silencio…espacio, reflexión y más silencio….
Creo que me fui poniendo un poquito más existencial…
¿Qué de mi facilita o no facilita que aparezca el otro tal cual es? ¿Cómo escucharlo, desde donde? El curso es acaso ¿Una invitación a auto revelarse en el trabajo clínico? Confrontación… pensar-me… ¿hablar mi…y de mi experiencia y práctica en lo clínico?...
Vergüenza…
Al ver que “estar con el otro” significa ver lo que soy yo para mi misma y para otros… amargo, lo primero que vi fueron exigencias de si lo estoy haciendo bien o no, si seré adecuada, hábil… luego, más preguntas… ¿Haciendo bien qué? ¿Y según quién? ¿Y para quién? El curso se impuso como una demanda a responder estas preguntas.
Me desarticula pero tomo la invitación y acepto el desafío… Cuando leía a Maturana pensaba en Osho, sin saber que otros ya pensaban en la conexión de psicoanálisis y corrientes de pensamientos orientales, en mi biblioteca están las obras completas de Freud y diccionarios de psicoanálisis, puestos al lado “El libro de la nada” y “Emociones” de Osho, y creo que en algún sentido los conecto. Osho dice: “Eres el camino y eres la meta, no hay distancia entre tú y la meta, eres el buscador y eres lo buscado, no hay distancia entre el buscador y lo buscado”. Es como traer el mundo a la mano, el conocer tiene que ver con el que conoce.
¿Realmente quiero meterme en esto? La palabra responsabilidad me resuena todas las clases.
“ser psicóloga”… y toda la responsabilidad que eso implica, lo pensé las primeras clases, dentro y fuera del curso, veo a mis amigas y sus trabajos que no tienen que ver con personas, con trabajos “más lights” pero no menos estresantes y pienso ¿porqué no habré estudiado otra cosa que no me confronté y que no me interpele tanto?...en un carrete alguien me preguntó: “tú ¿que haces?” y cuando conté que trabajaba en un programa de Buen Trato a la Mujer con temas de vif y que atendía pacientes, me miró y dijo: “yo jamás podría trabajar en algo así, como puedes escuchar esas historias, pero a ti no te afectan cierto? Tu estudiaste eso”... además de sorprenderme por su cara de espanto, pensé, yo nunca podría estar todo el día frente a un computador haciendo cálculos y tampoco podría estudiar una carrera artística porque definitivamente la creatividad no es mi fuerte, y así con varias profesiones… y pensé: yo si puedo trabajar en “algo así”, en algo así como escuchar, prestarme y ponerme ahí por un tiempo, para otro que sufre y ver juntos, si es que yo lo puedo ayudar en algo o no. Si yo si puedo trabajar “algo así”.
Re- encontrarme…
Hoy valoro un poco más la experiencia de hacer terapia, luego de la angustia inicial que me produjo el curso, he tenido un cierto reencantamiento que vienen de la mano con una comprensión de psicología clínica, distinta a la que yo tenía. Me he dado más permisos. Permisos para ser más “yo” y dejar un rato el “rol de psicóloga”. Por lo demás ¿Cuál es ese… rol? Porque lo que yo recogí de mis supervisores y de mi universidad tenía que ver con hacer como que escucho al otro de manera interesada (que es real) pero haciendo que a mi no me pasa nada con lo que escucho, como siendo un “objeto” ( mentira, me pasan cosas y muchas cosas! me aburro, me apeno, me da rabia, me conmuevo…), y mantener la ilusión de que yo sé lo que le pasa al otro como un ser “omnipotente” (y en verdad, no tengo idea… pocas me veces he pasado por situaciones similares a la de los pacientes y ni así creo que sería capaz de ponerme en sus zapatos y comprenderlos cien por ciento). Por último, el rol es acaso poner cara de que tengo algo inteligente e interesante que decir al final de cada sesión o de alguna reflexión del paciente (mentira, mil veces no sé que decir, me bloqueo, me enojo, me aburro, etc.). Adiós con el mito de la transferencia incontaminada y del analista objetivo.
Creo que hay algo ligado al poder que da ese lugar, el lugar del amo (de las teorías, del DSM, de cosificar al sujeto que está frente a nosotros) ¡y yo que criticaba tanto la psiquiatría! sin ver, hasta ahora, que hacer uso ciego de las teorías es igual o casi lo mismo que las historias de J. Mason en el juicio a la psicoterapia. Hoy día lo entiendo no sólo desde ser principiante, si no desde que probablemente me sentía más segura detrás de ese rol, estaba más cómoda, ¿a que le tenía miedo? Porque intentar seguir una teoría y amoldar lo que veía en sesión a lo que leía a un modelo-psicoanalítico, por ejemplo desde M. Klein, yo creía en la voracidad y envidia constitutivas…casi como creo en el inconciente (que para mi es un acto de fe, nunca lo he visto pero he asistido día a día a sus manifestaciones) pero quizás malentendí algunas cosas, y el curso me ha hecho reflexionar y corroborar que hoy día por ejemplo, creo más en la vulnerabilidad innata del ser humano que en la agresión constitutiva que hay en él. Y desde ahí entiendo mejor el espacio de terapia y mi rol como terapeuta, desde un lugar más amoroso que frustrador. Me es muchísimo más natural ofrecerme como self objet que como “objeto omnipotente todo lo que sabe”. Creo que hoy día me incluyo en la ecuación, ya no puedo hacer que a mi no me pasa nada, me pasa y mucho, si a veces hasta sueño con mis pacientes, que loca de haber pensado así alguna vez! para mi es un desafío ser lo mas espontánea que puedo ser, con todas mis capacidades e incapacidades puestas ahí y no actuar desde el poder… si no desde “ser- humana” y hacerme cargo de que lo veo, digo y pienso porque tiene que ver conmigo y con como soy. Entiendo la terapia como que frente al otro sujeto me sujeto de mi misma, ese es el tope. Que por lo demás es un tope cambiante, móvil, flexible, de hecho desde marzo a la fecha se han movilizado ideas, afectos y reflexiones en mi ser- hacer.
“la aceptación del otro junto a uno”.
Por último, en el curso vi algo de lo que me movilizó a estudiar psicología en una época en que no sabía de teorías. Un psicoterapeuta con varios años de circo suscitó en mi, humildad, responsabilidad, respeto hacia los pacientes y más confianza en mi misma. Creo que tengo menos susto a dejar a un lado el repollo, jugarme… y experimentar.
Cuando escuche hace como dos meses estas canciones encontré que reflejaban lo que me pasó con el curso…
…Esa pregunta que te haces sin responder,
Dentro de ti esta la respuesta para saber…
Tú eres el que decide el camino a escoger,
Hay muchas cosas buenas y malas, elige bien
Tu futuro se forma a base de decisiones
…..Y ahí estas tú…” (chambao)
“Andaba perdida de camino pa la casa
cavilando en lo que soy y en lo que siento…
Poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar, que es mejor caminar pa ir creciendo” (Chambao)
martes, 29 de julio de 2008
sábado, 19 de julio de 2008
Trabajo Final 7
¿Término o comienzo?
Se me hace muy difícil intentar explicar lo que el paso por este curso generó en mi, será quizás que me parece inexacto hablar de “aprendizaje” y enumerar “lo que aprendí”, o mejor dicho, “lo que desaprendí” durante este largo y complejo semestre. Considero, por tanto, que es más acertado hablar de “cambio” al referirme a mi experiencia, tomando en cuenta que este concepto engloba en su plenitud que fue pasando conmigo semana a semana.
Ahora la gran pregunta que todo lo complejiza; ¿Qué fue lo que cambió? ¿Que es lo distinto entre el antes y el después, que sea atribuible a este ramo? Creo que el cambio al cual me referiré, es un complejo proceso de distintas etapas que vale la pena exponer con una explicación detallada, y que dada su complejidad, intentaré simplificar haciendo uso de mis más oscuros y siniestros rasgos obsesivos.
De esta forma, a continuación expondré una especie de teoría acerca de lo que fue pasando conmigo a lo largo del semestre, y afirmo que es “una especie de teoría”, dado que hasta el momento, se cumple sólo para un individuo.
1. Etapa de la incomprensión
Para contextualizar, asistí a mi primera clase de epistemología esperando aprender nuevas cosas mediante la modalidad de enseñanza que tan conocida me era, con el objetivo de “saber acerca del hacer” en psicoterapia. Sin embargo, muy por el contrario, me encontré con un entrelazamiento de cuestionamientos, que no tenían respuesta simples y lineales, que en variadas ocasiones se dirigían con mayor claridad al “no hacer”; y que finalmente, convergían en un punto: me empujaban a empezar de cero, volver a pensar una infinidad de conceptos, ideas y prácticas que hasta ese momento estaban asentadas en “mi saber”, y por que no, también recordar que la vida no es tan fácil.
Dado este contexto, creo que no podía augurarse algo distinto a la completa confusión, durante un tiempo no logré entender cual era el final de este camino que emprendíamos en marzo, ya ni siquiera recordaba como era que había comenzado, con la idea persistente en mi cabeza ¿dónde me vine a meter?, y además, con la sensación de que yo había elegido mi butaca, comprado mis cabritas, y me habían cambiado la película antes de que ésta comenzara.
Finalmente, creo que lo más difícil de esta etapa, fue aceptar que debía dejar que transcurriera el tiempo, hasta que pudiera comprender que haría con todas estas nuevas ideas que estaba escuchando, como me tomaría esta nueva actitud frente al mundo, y sobretodo, como se introduce en la práctica clínica.
2. Etapa del cuestionamiento
Yo describiría esta etapa como la “aceptación de la invitación”, fue el momento en que me di cuenta que ya no había vuelta atrás, que ya tenía una serie de preguntas en mi cabeza imposibles de evadir, y que por mucho que lo deseara “de este carro ya no me podía bajar”, el tren no se detendría y debía llegar al andén, sea cual fuese éste.
Las preguntas atravesaron transversalmente mi vida, me remecieron, me invadieron, me aburrieron, me fascinaron, y muchas veces me agotaron, principalmente porque no hubo aspecto alguno de mi vida que pudiera evadirse de ellas, dado que la profundidad del cuestionamiento llegaba a las raíces de mi postura frente al mundo. Sentí que ya ni siquiera aquellas cosas más simples eran como antes; ir al supermercado era diferente, aunque la cajera, los productos, los precios e incluso la trayectoria eran los mismos, había algo distinto en la forma que yo enfrentaba y vivía ese momento, definitivamente algo había cambiado aún cuando en muchas ocasiones no fuera capaz de explicitar que era aquello, o de que manera se había gestado en mi.
Considero, que preguntarse acerca de la epistemología no es tarea fácil en lo absoluto, porque tiene la dificultad que no puede objetivarse y mirarse desde afuera, sino que requiere compenetrarse con las ideas, empaparse del cuestionamiento, y aprender a vivir con él y sus consecuencias a cuestas. Por esto, creo que las palabras más apropiadas para describir como fue que sobreviví a este arduo período son: paciencia y confianza. Con la primera me refiero a la capacidad de esperar y sobreponerse a la ansiedad, creer en que algo pasará después, en que hay algo por venir, y que a una parte de mi sólo le quedaba sentarse a esperar. La segunda, remite no sólo a la convicción de que mi estructura será capaz de resistir el remezón propio de el fuerte cambio que estaba viviendo; sino que también a la suposición de que hay un otro, al cual este camino le es en algún sentido familiar, alguien que no murió en el intento, y que me empujaba hacia el precipicio prometiendo que la caída no sería mortal.
3. Etapa de la aceptación
“Ya estamos en este tren” me decía a mi misma, “las cartas ya están echadas” y sólo queda mirar alrededor e intentar darle algún sentido a todo lo que me estaba pasando. El sentimiento que me inundó en este período fue de incertidumbre: ¿y ahora qué?, ¿qué hago con todo esto?, ¿cómo llevo a la escena clínica lo que en este largo proceso he ido descubriendo?, y aunque di varias vueltas a esta última pregunta, esperando recibir una especie de receta, que sostuviera todas mis dudas e inseguridades respecto a la implicancia de tomarse el enfoque intersubjetivo como un modo de vivir; tengo la sensación, de que las respuestas se fueron dando de forma bastante natural, descubrí que el tomarse la vida en su completitud desde esta nueva perspectiva, genera inevitablemente una actitud de respecto, comprensión y humildad frente al paciente, y frente a la psicoterapia.
4. Que comience la función…
Definitivamente no es fácil tolerar la incertidumbre, y aún más difícil es aceptar que la incertidumbre llegó para quedarse. Creo que con ella puedo hacer dos cosas; negarla e intentar convencerme de que siempre sabemos hacia donde vamos, que en la vida o con un paciente los sucesos son predecibles, y más aún, que es posible establecer el movimiento de las piezas frente a dichos sucesos; o bien, aceptar como dicen por ahí que “se hace camino al andar” y que antes de recorrerlo siempre estará instalada una gran cuota de ignorancia y desconocimiento.
Siento, que gran parte de la dificultad para acoger la incertidumbre antes mencionada, tiene que ver con la posición de experto en que muchas veces nos ubican y, por supuesto, en la cual nos acomodamos, me refiero a aquel olimpo desde el cual el terapeuta observa el objeto que tiene en frente, lo analiza, y calcula cada movimiento necesario para conseguir los objetivos por el mismo trazados, convenciéndose a si mismo de que sabe que es lo mejor para ese paciente que llega a su consulta, esperando encontrarse con un experto…
Carla Gutiérrez Daroch
Se me hace muy difícil intentar explicar lo que el paso por este curso generó en mi, será quizás que me parece inexacto hablar de “aprendizaje” y enumerar “lo que aprendí”, o mejor dicho, “lo que desaprendí” durante este largo y complejo semestre. Considero, por tanto, que es más acertado hablar de “cambio” al referirme a mi experiencia, tomando en cuenta que este concepto engloba en su plenitud que fue pasando conmigo semana a semana.
Ahora la gran pregunta que todo lo complejiza; ¿Qué fue lo que cambió? ¿Que es lo distinto entre el antes y el después, que sea atribuible a este ramo? Creo que el cambio al cual me referiré, es un complejo proceso de distintas etapas que vale la pena exponer con una explicación detallada, y que dada su complejidad, intentaré simplificar haciendo uso de mis más oscuros y siniestros rasgos obsesivos.
De esta forma, a continuación expondré una especie de teoría acerca de lo que fue pasando conmigo a lo largo del semestre, y afirmo que es “una especie de teoría”, dado que hasta el momento, se cumple sólo para un individuo.
1. Etapa de la incomprensión
Para contextualizar, asistí a mi primera clase de epistemología esperando aprender nuevas cosas mediante la modalidad de enseñanza que tan conocida me era, con el objetivo de “saber acerca del hacer” en psicoterapia. Sin embargo, muy por el contrario, me encontré con un entrelazamiento de cuestionamientos, que no tenían respuesta simples y lineales, que en variadas ocasiones se dirigían con mayor claridad al “no hacer”; y que finalmente, convergían en un punto: me empujaban a empezar de cero, volver a pensar una infinidad de conceptos, ideas y prácticas que hasta ese momento estaban asentadas en “mi saber”, y por que no, también recordar que la vida no es tan fácil.
Dado este contexto, creo que no podía augurarse algo distinto a la completa confusión, durante un tiempo no logré entender cual era el final de este camino que emprendíamos en marzo, ya ni siquiera recordaba como era que había comenzado, con la idea persistente en mi cabeza ¿dónde me vine a meter?, y además, con la sensación de que yo había elegido mi butaca, comprado mis cabritas, y me habían cambiado la película antes de que ésta comenzara.
Finalmente, creo que lo más difícil de esta etapa, fue aceptar que debía dejar que transcurriera el tiempo, hasta que pudiera comprender que haría con todas estas nuevas ideas que estaba escuchando, como me tomaría esta nueva actitud frente al mundo, y sobretodo, como se introduce en la práctica clínica.
2. Etapa del cuestionamiento
Yo describiría esta etapa como la “aceptación de la invitación”, fue el momento en que me di cuenta que ya no había vuelta atrás, que ya tenía una serie de preguntas en mi cabeza imposibles de evadir, y que por mucho que lo deseara “de este carro ya no me podía bajar”, el tren no se detendría y debía llegar al andén, sea cual fuese éste.
Las preguntas atravesaron transversalmente mi vida, me remecieron, me invadieron, me aburrieron, me fascinaron, y muchas veces me agotaron, principalmente porque no hubo aspecto alguno de mi vida que pudiera evadirse de ellas, dado que la profundidad del cuestionamiento llegaba a las raíces de mi postura frente al mundo. Sentí que ya ni siquiera aquellas cosas más simples eran como antes; ir al supermercado era diferente, aunque la cajera, los productos, los precios e incluso la trayectoria eran los mismos, había algo distinto en la forma que yo enfrentaba y vivía ese momento, definitivamente algo había cambiado aún cuando en muchas ocasiones no fuera capaz de explicitar que era aquello, o de que manera se había gestado en mi.
Considero, que preguntarse acerca de la epistemología no es tarea fácil en lo absoluto, porque tiene la dificultad que no puede objetivarse y mirarse desde afuera, sino que requiere compenetrarse con las ideas, empaparse del cuestionamiento, y aprender a vivir con él y sus consecuencias a cuestas. Por esto, creo que las palabras más apropiadas para describir como fue que sobreviví a este arduo período son: paciencia y confianza. Con la primera me refiero a la capacidad de esperar y sobreponerse a la ansiedad, creer en que algo pasará después, en que hay algo por venir, y que a una parte de mi sólo le quedaba sentarse a esperar. La segunda, remite no sólo a la convicción de que mi estructura será capaz de resistir el remezón propio de el fuerte cambio que estaba viviendo; sino que también a la suposición de que hay un otro, al cual este camino le es en algún sentido familiar, alguien que no murió en el intento, y que me empujaba hacia el precipicio prometiendo que la caída no sería mortal.
3. Etapa de la aceptación
“Ya estamos en este tren” me decía a mi misma, “las cartas ya están echadas” y sólo queda mirar alrededor e intentar darle algún sentido a todo lo que me estaba pasando. El sentimiento que me inundó en este período fue de incertidumbre: ¿y ahora qué?, ¿qué hago con todo esto?, ¿cómo llevo a la escena clínica lo que en este largo proceso he ido descubriendo?, y aunque di varias vueltas a esta última pregunta, esperando recibir una especie de receta, que sostuviera todas mis dudas e inseguridades respecto a la implicancia de tomarse el enfoque intersubjetivo como un modo de vivir; tengo la sensación, de que las respuestas se fueron dando de forma bastante natural, descubrí que el tomarse la vida en su completitud desde esta nueva perspectiva, genera inevitablemente una actitud de respecto, comprensión y humildad frente al paciente, y frente a la psicoterapia.
4. Que comience la función…
Definitivamente no es fácil tolerar la incertidumbre, y aún más difícil es aceptar que la incertidumbre llegó para quedarse. Creo que con ella puedo hacer dos cosas; negarla e intentar convencerme de que siempre sabemos hacia donde vamos, que en la vida o con un paciente los sucesos son predecibles, y más aún, que es posible establecer el movimiento de las piezas frente a dichos sucesos; o bien, aceptar como dicen por ahí que “se hace camino al andar” y que antes de recorrerlo siempre estará instalada una gran cuota de ignorancia y desconocimiento.
Siento, que gran parte de la dificultad para acoger la incertidumbre antes mencionada, tiene que ver con la posición de experto en que muchas veces nos ubican y, por supuesto, en la cual nos acomodamos, me refiero a aquel olimpo desde el cual el terapeuta observa el objeto que tiene en frente, lo analiza, y calcula cada movimiento necesario para conseguir los objetivos por el mismo trazados, convenciéndose a si mismo de que sabe que es lo mejor para ese paciente que llega a su consulta, esperando encontrarse con un experto…
Carla Gutiérrez Daroch
Trabajo Final 6
Escuela de Psicología
Postítulo de Intervenciones Psicoterapéuticas en Adultos
Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia
Trabajo Final
Profesor: Matías Fernández
Alumna: Siboney Cáceres
Fecha: 4 de Julio de 2008
Para comenzar quiero plantear que todo lo que he experimentado en el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, surge dentro del contexto de mi experiencia durante este tiempo en el postítulo y para ello contaré lo que me pasó cuando éste comenzó.
Tenía una gran cantidad de expectativas cuando decidí volver a estudiar, especialmente ganas de perfeccionarme y profundizar teórica y prácticamente en la psicoterapia, me parecía lo mejor para mi como profesional, fundamentalmente para adquirir seguridad y llenar vacíos de mi años de estudios.
Llegué a las primeras clases del postítulo y al ir dándome cuenta como funcionaban las cosas, sentía que todo lo que yo esperaba que sucediera, sucedía de una manera muy distinta y eso fue un impacto, encontrarse de pronto con que los cuadernos prácticamente no me servían, no había materia, ni un gran peso teórico sino más bien vivencia, experiencia y reflexión.
Entonces comenzó a suceder en mi lo que he podido nombrar como un terremoto emocional y debido a todos los movimiento a este nivel que sentía, empecé a dejarme llevar y aceptar lo nuevo con una sensación bastante intuitiva de que sería bueno para mi, ya que me considero demasiado racional.
Y en este contexto surge mi experiencia con el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, que creo que en términos generales y reflejándola a través de una metáfora, podría decir que lo que me pasó fue ir quitándome de a poco vendas que cubrían mis ojos y junto con ello sentir que lo que iba viendo se iba incorporando a mi, por lo tanto ya nunca más podría negarlo y sería parte de mi manera de ver la vida y de ser psicóloga.
Con lo que voy a comentar a continuación pretendo dar cuenta de cómo con respecto a diversas temáticas fueron cayendo las vendas de mis ojos y contar lo que yo sentí con la incorporación de nuevas visiones.
Para comenzar creo que uno de los temas de más peso que pude descubrir y reflexionar con profundidad es el de la autoridad que tengo solamente por ser psicóloga. Esto me remeció mucho y creo que intente negarlo porque me pareció increíble sentir que solo por el hecho de tener un título profesional que tiene una validación social se me considere capacitada y apta para decidir sobre la vida de otros y como esos otros se entregan a veces muy confiados a esta experiencia.
Me pareció que estaba expuesta a dejarme seducir por ese poder que muchas veces los mismos pacientes sin querer nos potencian y pensé qué conciente tengo que estar para no dejarme llevar por esta autoridad y ejercerla de manera incluso tiránica al decirle por ejemplo a alguien cómo es mejor vivir.
Siento a la vez que fue bueno estar más conciente de esto, porque yo de alguna forma ya lo venía pensando a partir de mis experiencias profesionales sobre todo en las supervisiones que tuve antes del postítulo, lo que a mi siempre me hacia sentido era reflexionar acerca de que por alguna razón que aun no tenía muy clara no quería ocupar mi rol como psicóloga para decirle a nadie qué era lo mejor para su vida, qué debía hacer y cómo. Ahora puedo entender con más profundidad que esto tiene que ver con mi manera de ver un proceso terapéutico, como un espacio para ir descubriendo con la ayuda del psicólogo(a) como una especie de facilitador, quién es uno y cómo quiere vivir, cual es su deseo.
Con respecto a este tema de la autoridad que uno representa como psicólogo, creo que lo que más me costó fue pensar que ésta es inevitable y hasta necesaria para hacer un trabajo terapéutico, en el sentido de que necesitamos que exista transferencia con los pacientes y ellos nos otorguen un valor para poder ayudarlos. Aquí me gustaría señalar que una de las la reflexiones que abordamos bastante en clases y me pareció de vital relevancia es la de ser capaz de dejar caer esta posición frente a nuestros pacientes en el momento adecuado, cuando ellos lo requieran y tener la humildad de no esgrimir argumentos que perpetúen el tiempo con ellos solo para reafirmar que somos buenos terapeutas, esto me parece un principio ético que yo quisiera no olvidar con los años.
Este tema de la autoridad me trajo aparejado otra gran temática, la de la responsabilidad, al saber que necesariamente tengo una influencia con mis pacientes, solo por el hecho de estar ahí en una relación en la que tengo una autoridad, me hizo sentir intensamente lo responsable que debo ser.
Yo antes del curso, abordaba la responsabilidad como terapeuta de otra forma, pensando que tenía que leer millones de libros para saber mucho, tenía que mostrarme muy adecuada y formal con mis pacientes y responder casi de manera incuestionable a un encuadre que aprendí en la universidad de carácter bastante clásico. Pero con mi experiencia en el curso le tome el peso a la verdadera responsabilidad que creo tener y que es la más difícil de aceptar, por lo grande que es para mi, que cuando estoy con mis pacientes estoy con todo lo que soy, con mis creencias, sentimientos, prejuicios, etc… y que necesariamente con ellos influyo en mis pacientes aunque crea no hacerlo, porque es imposible ausentarse de ser uno mismo, por lo tanto es mejor hacerse cargo de eso y tratar de canalizarlo de la mejor manera posible, planteando a los pacientes mis intervenciones como posibilidades y no como verdades absolutas, sabiendo que estas son apuestas y solamente uno de muchos caminos a elegir que pueden resultar ser buenos o malos para los pacientes, pero que eso es algo que ellos deben juzgar.
También he pensado que ser así de responsable no es tan terrible porque la elección del paciente puede ser tomar o dejar lo que uno propone y eso para mi es sentir que puedo tener pacientes que ejerzan su libertad, lo cual a mi también me libera y puede ser una manera de alivianar la carga, pero hasta el momento me sirve. Además también pude comprender que dentro del enfoque intersubjetivo no hay nada tan irremediable porque cualquier intervención que pudiera resultar en un impas puede ponerse en juego en la relación y así buscar salidas para ella.
En este sentido, me surgió una sensación interesante, porque antes yo tendía a anticiparme a lo que pensaban mis pacientes entrando en un diálogo interno y cerrado a través del cual creía que llegaba a conocer su verdad. Las reflexiones que se produjeron en el curso me han llevado ahora a pensar bastante más antes de caer en esto y por esta razón tiendo más a preguntar a los pacientes si lo que yo creo es acertado o no, lo cual me hace salir de un entramado de ideas en las que me sumergía y con las cuales no sabía qué hacer a veces.
Por otra parte, pero también en relación al poder pude conocer y comprender más en que sistema estoy inserta y lo que ello implica. Me cuestioné bastante mi rol al darme cuenta que existen y han existido muchos abusos en nombre del poder que he mencionado, incluso me cuestioné la profesión, pensando cómo es posible que en el área que estoy ocurran cosas tan atroces.
Al respecto pensé cómo las construcciones sociales acerca de la salud mental a veces dejan a personas del lado de lo insano y así los hacen pasar por un peregrinaje de instituciones que no necesariamente los ayudan.
Esto yo lo puedo relacionar con el establecimiento de diagnósticos en salud mental, donde pasa con frecuencia que la persona se transforma en su diagnóstico, es decir, no tiene una enfermedad sino que es la enfermedad. Para mi ha sido impactante tomarle el peso a esto porque me ha conectado con la sensación de que el ser humano se pierde, ya ni siquiera importa su nombre, yo lo veía antes en mis clases de psiquiatría cuando nos mostraban pacientes como si fueran cosas y en mi experiencia profesional he visto a tantos que caminan con un cartel presentándose de esta forma al mundo.
A partir del curso, se me fueron despertando ciertas autocríticas porque creo que muchas veces yo he pecado de discriminar a los pacientes por sus diagnósticos he incluso pienso que tengo bastantes prejuicios al respecto, que más de alguna vez dejé que influyeran quizás inconcientemente de manera negativa en mi actitud como terapeuta, tal vez sintiendo que con los casos de personas que tienen diagnósticos más severos no había mucho que hacer, por lo tanto descartándolos de la posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida porque me habían enseñado que ellos tienen un tope y lo demás es caso perdido.
Yo he pensado que no es necesario ser tan extremo al respecto, que se pueden considerar los diagnósticos solo como una guía para entender ciertas dinámicas que se dan en la relación terapéutica, sin caer en olvidar lo particular de la persona en este proceso.
Por otra parte, algo que me pasó y de mucha importancia fue cuestionar cual es la visión que tengo de la relación terapéutica, el conocer la visión intersubjetiva me despertó a nuevas posibilidades, antes impensadas para mi y sobre todo a darme cuenta que lo que a mi me sucede, mi contratransferencia es importante y útil para ayudar a mis pacientes. Yo antes intentaba negar lo que me pasaba en los procesos terapéuticos con los pacientes, porque había aprendido que no era bueno “contaminar” las relaciones.
Creo que ahora realmente me he estado abriendo a un mundo distinto y me siento mucho más auténtica y honesta al estar más en contacto con mi propia resonancia y utilizarla, creo en ello y he visto en términos prácticos que me ha servido mucho. Pero esto también tiene su lado duro, porque implica exponerme en términos emocionales y a veces tengo miedo de que se me pase la mano y no poder modular mis emociones, o sea abrir una válvula y quizás no saber regularla adecuadamente.
Además el conectarme con la visión que está detrás de esto de que no vivimos en una mente aislada sino que lo que nos sucede se da en las relaciones con el otro desde nuestra infancia, me ha llegado mucho porque me ha hecho sentido con mi historia vital, siento que puedo acceder a desprenderme de culpas. Definitivamente éste ha sido un giro importante que aun estoy asimilando, pero que me va gustando, se parece a lo que yo de manera intuitiva había pensando que me gustaría hacer como terapeuta, ahora voy encontrando nombres para aquellas cosas que estaban muy poco elaboradas.
Todo esto me lleva a una reflexión muy profunda que tiene que ver con la imposibilidad de separar el rol de psicóloga con el de persona, me voy dando cuenta con el tiempo que siempre que estoy trabajando con mis pacientes estos me llevan a conectarme con lo que yo soy, mis vivencias, mis sentimientos, creencias, valores, prejuicios, en fin con mi historia, ya no puedo ser aquella persona que logra separar estos ámbitos. Tal vez descubrí que es imposible, porque todo lo que implica ser psicóloga implica conectarme con lo que yo soy.
Esto me hace sentir confusa y a veces me cansa estar viéndome en tantos espejos (pacientes), este curso me ha hecho sentir que para ser mejor psicóloga tengo que saber mucho más de mi, yo siempre lo creí pero ahora lo vivo y es intenso, en ocasiones me agoto. Pero yo lo elegí y creo que no es malo, solo difícil ¿pero quién me dijo que iba a ser fácil?.
En cierto modo creo que las distintas vendas que he ido quitando de mis ojos, de las cuales hablé anteriormente, me van permitiendo adquirir mayor amplitud de visión y con ello puedo conectarme más conmigo, porque me hago preguntas, me respondo dudas y me escucho en lo íntimo, quizás hasta me he podido querer un poquito más y aceptar que muchas veces como dice el dicho popular “es lo que hay”.
En el fondo siento que definitivamente ya no soy la misma persona que se inscribió en el postítulo, que buscaba desesperadamente teorías en que afirmarse y libros que devorarse, ahora quiéralo o no miro más hacia mi, me conecto más conmigo y todavía quiero teorías pero más que nada porque me hace sentido encontrar explicaciones, ya no siento que encuentre grandes verdades incuestionables en ellas y si me siento un poquito más confiada en mi y eso de verdad me gusta mucho, lo voy disfrutando.
Postítulo de Intervenciones Psicoterapéuticas en Adultos
Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia
Trabajo Final
Profesor: Matías Fernández
Alumna: Siboney Cáceres
Fecha: 4 de Julio de 2008
Para comenzar quiero plantear que todo lo que he experimentado en el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, surge dentro del contexto de mi experiencia durante este tiempo en el postítulo y para ello contaré lo que me pasó cuando éste comenzó.
Tenía una gran cantidad de expectativas cuando decidí volver a estudiar, especialmente ganas de perfeccionarme y profundizar teórica y prácticamente en la psicoterapia, me parecía lo mejor para mi como profesional, fundamentalmente para adquirir seguridad y llenar vacíos de mi años de estudios.
Llegué a las primeras clases del postítulo y al ir dándome cuenta como funcionaban las cosas, sentía que todo lo que yo esperaba que sucediera, sucedía de una manera muy distinta y eso fue un impacto, encontrarse de pronto con que los cuadernos prácticamente no me servían, no había materia, ni un gran peso teórico sino más bien vivencia, experiencia y reflexión.
Entonces comenzó a suceder en mi lo que he podido nombrar como un terremoto emocional y debido a todos los movimiento a este nivel que sentía, empecé a dejarme llevar y aceptar lo nuevo con una sensación bastante intuitiva de que sería bueno para mi, ya que me considero demasiado racional.
Y en este contexto surge mi experiencia con el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, que creo que en términos generales y reflejándola a través de una metáfora, podría decir que lo que me pasó fue ir quitándome de a poco vendas que cubrían mis ojos y junto con ello sentir que lo que iba viendo se iba incorporando a mi, por lo tanto ya nunca más podría negarlo y sería parte de mi manera de ver la vida y de ser psicóloga.
Con lo que voy a comentar a continuación pretendo dar cuenta de cómo con respecto a diversas temáticas fueron cayendo las vendas de mis ojos y contar lo que yo sentí con la incorporación de nuevas visiones.
Para comenzar creo que uno de los temas de más peso que pude descubrir y reflexionar con profundidad es el de la autoridad que tengo solamente por ser psicóloga. Esto me remeció mucho y creo que intente negarlo porque me pareció increíble sentir que solo por el hecho de tener un título profesional que tiene una validación social se me considere capacitada y apta para decidir sobre la vida de otros y como esos otros se entregan a veces muy confiados a esta experiencia.
Me pareció que estaba expuesta a dejarme seducir por ese poder que muchas veces los mismos pacientes sin querer nos potencian y pensé qué conciente tengo que estar para no dejarme llevar por esta autoridad y ejercerla de manera incluso tiránica al decirle por ejemplo a alguien cómo es mejor vivir.
Siento a la vez que fue bueno estar más conciente de esto, porque yo de alguna forma ya lo venía pensando a partir de mis experiencias profesionales sobre todo en las supervisiones que tuve antes del postítulo, lo que a mi siempre me hacia sentido era reflexionar acerca de que por alguna razón que aun no tenía muy clara no quería ocupar mi rol como psicóloga para decirle a nadie qué era lo mejor para su vida, qué debía hacer y cómo. Ahora puedo entender con más profundidad que esto tiene que ver con mi manera de ver un proceso terapéutico, como un espacio para ir descubriendo con la ayuda del psicólogo(a) como una especie de facilitador, quién es uno y cómo quiere vivir, cual es su deseo.
Con respecto a este tema de la autoridad que uno representa como psicólogo, creo que lo que más me costó fue pensar que ésta es inevitable y hasta necesaria para hacer un trabajo terapéutico, en el sentido de que necesitamos que exista transferencia con los pacientes y ellos nos otorguen un valor para poder ayudarlos. Aquí me gustaría señalar que una de las la reflexiones que abordamos bastante en clases y me pareció de vital relevancia es la de ser capaz de dejar caer esta posición frente a nuestros pacientes en el momento adecuado, cuando ellos lo requieran y tener la humildad de no esgrimir argumentos que perpetúen el tiempo con ellos solo para reafirmar que somos buenos terapeutas, esto me parece un principio ético que yo quisiera no olvidar con los años.
Este tema de la autoridad me trajo aparejado otra gran temática, la de la responsabilidad, al saber que necesariamente tengo una influencia con mis pacientes, solo por el hecho de estar ahí en una relación en la que tengo una autoridad, me hizo sentir intensamente lo responsable que debo ser.
Yo antes del curso, abordaba la responsabilidad como terapeuta de otra forma, pensando que tenía que leer millones de libros para saber mucho, tenía que mostrarme muy adecuada y formal con mis pacientes y responder casi de manera incuestionable a un encuadre que aprendí en la universidad de carácter bastante clásico. Pero con mi experiencia en el curso le tome el peso a la verdadera responsabilidad que creo tener y que es la más difícil de aceptar, por lo grande que es para mi, que cuando estoy con mis pacientes estoy con todo lo que soy, con mis creencias, sentimientos, prejuicios, etc… y que necesariamente con ellos influyo en mis pacientes aunque crea no hacerlo, porque es imposible ausentarse de ser uno mismo, por lo tanto es mejor hacerse cargo de eso y tratar de canalizarlo de la mejor manera posible, planteando a los pacientes mis intervenciones como posibilidades y no como verdades absolutas, sabiendo que estas son apuestas y solamente uno de muchos caminos a elegir que pueden resultar ser buenos o malos para los pacientes, pero que eso es algo que ellos deben juzgar.
También he pensado que ser así de responsable no es tan terrible porque la elección del paciente puede ser tomar o dejar lo que uno propone y eso para mi es sentir que puedo tener pacientes que ejerzan su libertad, lo cual a mi también me libera y puede ser una manera de alivianar la carga, pero hasta el momento me sirve. Además también pude comprender que dentro del enfoque intersubjetivo no hay nada tan irremediable porque cualquier intervención que pudiera resultar en un impas puede ponerse en juego en la relación y así buscar salidas para ella.
En este sentido, me surgió una sensación interesante, porque antes yo tendía a anticiparme a lo que pensaban mis pacientes entrando en un diálogo interno y cerrado a través del cual creía que llegaba a conocer su verdad. Las reflexiones que se produjeron en el curso me han llevado ahora a pensar bastante más antes de caer en esto y por esta razón tiendo más a preguntar a los pacientes si lo que yo creo es acertado o no, lo cual me hace salir de un entramado de ideas en las que me sumergía y con las cuales no sabía qué hacer a veces.
Por otra parte, pero también en relación al poder pude conocer y comprender más en que sistema estoy inserta y lo que ello implica. Me cuestioné bastante mi rol al darme cuenta que existen y han existido muchos abusos en nombre del poder que he mencionado, incluso me cuestioné la profesión, pensando cómo es posible que en el área que estoy ocurran cosas tan atroces.
Al respecto pensé cómo las construcciones sociales acerca de la salud mental a veces dejan a personas del lado de lo insano y así los hacen pasar por un peregrinaje de instituciones que no necesariamente los ayudan.
Esto yo lo puedo relacionar con el establecimiento de diagnósticos en salud mental, donde pasa con frecuencia que la persona se transforma en su diagnóstico, es decir, no tiene una enfermedad sino que es la enfermedad. Para mi ha sido impactante tomarle el peso a esto porque me ha conectado con la sensación de que el ser humano se pierde, ya ni siquiera importa su nombre, yo lo veía antes en mis clases de psiquiatría cuando nos mostraban pacientes como si fueran cosas y en mi experiencia profesional he visto a tantos que caminan con un cartel presentándose de esta forma al mundo.
A partir del curso, se me fueron despertando ciertas autocríticas porque creo que muchas veces yo he pecado de discriminar a los pacientes por sus diagnósticos he incluso pienso que tengo bastantes prejuicios al respecto, que más de alguna vez dejé que influyeran quizás inconcientemente de manera negativa en mi actitud como terapeuta, tal vez sintiendo que con los casos de personas que tienen diagnósticos más severos no había mucho que hacer, por lo tanto descartándolos de la posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida porque me habían enseñado que ellos tienen un tope y lo demás es caso perdido.
Yo he pensado que no es necesario ser tan extremo al respecto, que se pueden considerar los diagnósticos solo como una guía para entender ciertas dinámicas que se dan en la relación terapéutica, sin caer en olvidar lo particular de la persona en este proceso.
Por otra parte, algo que me pasó y de mucha importancia fue cuestionar cual es la visión que tengo de la relación terapéutica, el conocer la visión intersubjetiva me despertó a nuevas posibilidades, antes impensadas para mi y sobre todo a darme cuenta que lo que a mi me sucede, mi contratransferencia es importante y útil para ayudar a mis pacientes. Yo antes intentaba negar lo que me pasaba en los procesos terapéuticos con los pacientes, porque había aprendido que no era bueno “contaminar” las relaciones.
Creo que ahora realmente me he estado abriendo a un mundo distinto y me siento mucho más auténtica y honesta al estar más en contacto con mi propia resonancia y utilizarla, creo en ello y he visto en términos prácticos que me ha servido mucho. Pero esto también tiene su lado duro, porque implica exponerme en términos emocionales y a veces tengo miedo de que se me pase la mano y no poder modular mis emociones, o sea abrir una válvula y quizás no saber regularla adecuadamente.
Además el conectarme con la visión que está detrás de esto de que no vivimos en una mente aislada sino que lo que nos sucede se da en las relaciones con el otro desde nuestra infancia, me ha llegado mucho porque me ha hecho sentido con mi historia vital, siento que puedo acceder a desprenderme de culpas. Definitivamente éste ha sido un giro importante que aun estoy asimilando, pero que me va gustando, se parece a lo que yo de manera intuitiva había pensando que me gustaría hacer como terapeuta, ahora voy encontrando nombres para aquellas cosas que estaban muy poco elaboradas.
Todo esto me lleva a una reflexión muy profunda que tiene que ver con la imposibilidad de separar el rol de psicóloga con el de persona, me voy dando cuenta con el tiempo que siempre que estoy trabajando con mis pacientes estos me llevan a conectarme con lo que yo soy, mis vivencias, mis sentimientos, creencias, valores, prejuicios, en fin con mi historia, ya no puedo ser aquella persona que logra separar estos ámbitos. Tal vez descubrí que es imposible, porque todo lo que implica ser psicóloga implica conectarme con lo que yo soy.
Esto me hace sentir confusa y a veces me cansa estar viéndome en tantos espejos (pacientes), este curso me ha hecho sentir que para ser mejor psicóloga tengo que saber mucho más de mi, yo siempre lo creí pero ahora lo vivo y es intenso, en ocasiones me agoto. Pero yo lo elegí y creo que no es malo, solo difícil ¿pero quién me dijo que iba a ser fácil?.
En cierto modo creo que las distintas vendas que he ido quitando de mis ojos, de las cuales hablé anteriormente, me van permitiendo adquirir mayor amplitud de visión y con ello puedo conectarme más conmigo, porque me hago preguntas, me respondo dudas y me escucho en lo íntimo, quizás hasta me he podido querer un poquito más y aceptar que muchas veces como dice el dicho popular “es lo que hay”.
En el fondo siento que definitivamente ya no soy la misma persona que se inscribió en el postítulo, que buscaba desesperadamente teorías en que afirmarse y libros que devorarse, ahora quiéralo o no miro más hacia mi, me conecto más conmigo y todavía quiero teorías pero más que nada porque me hace sentido encontrar explicaciones, ya no siento que encuentre grandes verdades incuestionables en ellas y si me siento un poquito más confiada en mi y eso de verdad me gusta mucho, lo voy disfrutando.
jueves, 17 de julio de 2008
Trabajo Final 5
Dos Huevos… ¿Iguales?
Lee, luego siente y dime ¿Qué Crees?
I. Huevo Uno: “La Carolina”
H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida;
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E ntré a la Universidad y me fue bien.
V oy en mi tercer año de profesional.
O tra carrera? Jamás me lo he planteado.
Me acuerdo perfecto de ese día.. bueno, no tan perfecto, porque la fecha exacta no la sé. Pero sí recuerdo que fue en invierno del año 1998, en Viña… 7 norte con 2 poniente, en el depa de mis tatas, los papás de mi papá, en la pieza principal.. estábamos mi tata Omar y yo.
No puedo decir que teníamos una relación estrecha, ya que por ser yo del sur no nos veíamos mucho, pero sí lo quiero mucho. Además, si no fuera por él, en un 50%, mi papá no existiría, ergo, yo tampoco.
Yo había salido de IV° el año ’97, y me fui a Santiago a estudiar en Preuniversitario, porque el puntaje para medicina no me había alcanzado. ¿Medicina? Sí: medicina. Mi tata tenía cáncer, y cada vez que hablábamos con los doctores yo sentía que no nos decían todo realmente, lo cual me generaba una impotencia enorme y siento fue mi motivación inicial para estudiar medicina. Ahora que lo pienso, era un pensamiento un tanto mágico, porque mi idea era estudiar medicina para ayudar a mi tata.
Aquí entonces, es cuando vuelvo a la pieza de mi tata en Viña. Yo lo había ido a ver por el fin de semana, sabía que no andaba bien, especialmente en tiempo de quimioterapia, estaba realmente sensible.
Cuando llegué del terminal al departamento, recién venían a dejar a mi tata de la clínica para que descansara. Ayudé a que suba; él era no precisamente alto, pero sí maceteado, grande. Al llegar a la pieza lo sentamos en la cama; mi abuela se fue a la cocina y los enfermeros se fueron. Mi tata no se sentía bien, y la impotencia que yo sentía en ese momento no lo hacía nada de mal. Lo único que hacía era pensar en entrar pronto a la U, estudiar, salir y ayudar.
En ese momento recuerdo que sonó el teléfono. Era uno de mis tíos que quería hablar con mi tata para saber como estaba. Le pasé el teléfono y apenas podía balbucear algunas palabras. No estaba limitado por la quimio, si bien estaba muy cansado. Me dí cuenta de que la pena que tenía, era superior a él y no podía hablar, modular, sólo se agarraba la cabeza. FUERTE!!!! Era primera vez que veía así a mi tata. Imagínate!! Un hombre a quien siempre miraste hacia arriba desde chica, y que ahora estaba sentado en su cama llorando como un niño…. La verdad es que te sorprende. Mis emociones en ese momento eran libres y flotantes.
Al ver así a mi tata, y luego de salir del “estado de impresión”, lo único que reaccioné a hacer fue abrazarlo y preguntarle cómo se sentía. Posiblemente dirás que la respuesta era obvia: MAL!, pero necesitaba saberlo de él. Seguido a eso, me pidió que le pasara unas pastillas que estaban en su velador, y al dárselas le pregunté para qué servían, “para morirme” me respondió… lo miré y percibí lo desganado que estaba, la falta de ganas de vivir que sentía y la necesidad de que todo pasara rápido “me duele.. me duele” era lo que, en ocasiones, le oía decir. Sólo decía eso un par de veces en un día, no emitía palabra más alguna. Tenía metástasis en gran parte de sus órganos.
Fue en ese momento, en que creo pude sentir sus pocas ganas de vivir y darme cuenta de su deterioro progresivo, que me cuestioné algo vital en mi vida. Después de ayudar a que se acostase, me senté a los pies de la cama y me quedé contemplándolo. Y volvió ese cuestionamiento…. “¿Medicina?...... ¿Por qué?” y comenzó así un diálogo interno, en donde conversaba conmigo misma acerca de esta elección, hasta que en un punto de toda esta ideofugalidad todo se detuvo, y sólo quedó una idea “Medicina, para ayudar a las personas a estar mejor. ¿Pero cómo?” Eso no lo había pensado “¿Cómo ayuda la medicina? Con remedios y tratamientos… Pero eso no ayuda realmente, no se preocupa de conocer, integrar, sólo de mitigar y/o erradicar”
En eso me quedé largo rato, dándole vueltas a esa idea, hasta que vi en la cara de mi tata una expresión que interpreté como de dolor. “Dolor.. de dónde viene? Es más profundo que un malestar físico. Va más allá del dolor del cuerpo. ¿Cómo sentirse mejor si no se tiene ganas de vivir? ¿Si el combustible básico es precario y se extingue poco a poco?”.
Fue entonces que me di cuenta que para estar bien a nivel físico, se necesita bienestar con uno mismo, limpiar el alma, conocerse más y aceptarse de manera lo más integrada posible. Así se puede aspirar a una mejor calidad de vida, siendo concientes de uno, como individuo y como parte del mundo de los demás. Se necesita estar bien “de adentro” para así lograr estar bien “por fuera”, estar bien en aquello “intangible” para que se refleje en “lo concreto”.
Así, decidí entrar a estudiar Psicología, y si lo pienso, sigo con la misma convicción que hace 10 años atrás, con el mismo nivel de motivación para ejercer mi profesión. Tengo claro el motor que me impulsa y me reafirma día a día que escogí bien. En ocasiones flaqueo, pero eso también me gusta; me ayuda a parar, a cuestionarme, a “sentirme chica” y no aspirar a estar de manera permanente en “la cresta de la ola”.
Me titulé el año 2005, y luego de un viaje de despedida a esa Carolina estudiante y bienvenida a esa Carolina profesional, me ofrecieron trabaja en una consultora, en el área de capacitación, lo cual debo admitir llegó en el momento preciso y decidí tomar esa oportunidad. Me quedé con ella por un año y medio, hasta que ya, aquello que yo interpretaba como “señales” eran demasiado evidentes. “¿Señales?” Sí, por ejemplo, en aquellos talleres en que se trataban temas de relaciones interpersonales en el trabajo, me tomaba un tiempo considerable para conversarlos, lo cual me fascinaba! Y así surgió en mi cabeza la analogía de que ambas psicologías, laboral y clínica, son bastante similares. La diferencia es la manera en que se nos presenta el cliente/paciente. En lo laboral es la empresa y sus “conflictos internos”, por hablar con un vocabulario popular, mientras que en la clínica es la familia, pareja o persona con, también, sus “conflictos internos”. Ese modo de pensar me ayudó mucho, siento me que fue bien gracias a esa analogía.
En un momento, llegué ya a un punto en que me hacía falta la clínica, y decidí renunciar para volver a lo que me gustaba. Todas mis prácticas habían sido en clínica, llegué al área laboral gracias a una oportunidad en un momento justo, la tomé, probé, lo pasé bien y me di cuenta que extrañaba la clínica. Si bien renuncié, no me desligué por completo, ya que de vez en cuando sigo haciendo capacitaciones… Es el contacto con la gente y sus experiencias lo que me hace vibrar; escuchar, intentar entrar en su mundo para saber como es, acercarme lo más posible mientras me lo permitan.
Entonces renuncié! No fue fácil, pero sentía que si no era en ese momento, era nunca. Había estado un año y medio “fuera de las canchas”. Me sentía insegura, así que comencé a buscar qué podía entrar a estudiar que ayudara a pulirme y actualizarme. Fue así que entré a trabajar a Cenfa (Centro de la Familia) y a buscar estudios. Busqué bastante, y debo reconocer que pensaba iba a encontrar bastante más oferta de estudios. Si bien la hay, no encontraba nada que me motivara mucho, incluso este postítulo. Pero mi necesidad de segurizarme más era superior, este postítulo al menos abarcaba psicoanálisis y sistémico. Me gusta el psicoanálisis, pero no para aplicar, sí para entender, y me gusta lo sistémico, que siento se complementa bien con psicoanálisis. Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.
II. Huevo Dos: “La misma Carolina, pero distinta”
H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E n verdad, a 10 años de haber tomado esta decisión
V oy, siento, realmente comenzando a entender
O al menos eso creo, lo que ese camino significa
“Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.”
Cuando comencé el postítulo, tengo que reconocer me desorientó un poco. Mmmm, pobre ingenua, no sabía que ese “un poco” se transformaría en “Wow!!! Paren la centrífuga que se me está revolviendo todo!!!”.
Organizadamente yo había comprado mis cuadernos, uno para cada instancia, y casi los rotulo con la clásica calcomanía blanca. Sin embargo no lo hice, preferí conocer y después organizar… cosa en verdad poco usual en mí.
Así, cuando llego al curso, saco mi cuaderno para anotar “lo que el profe comente”, y me doy cuenta de que en realidad no hay mucho de contenido teórico que anotar, más bien era escuchar, pensar y comentar. Se generó en mí, de manera muy fluida, porque no me incomodó, una manera nueva de “estudiar”. Creo no me incomodó, porque en cierto modo siempre lo he hecho así, pero es primera vez que se me planta de manera tan evidente en frente.
No estudiaba de la manera clásica en que lo hacía antes; leyendo, subrayando y resumiendo, y luego haciendo un esquema del resumen, para finalizar con un esquema del esquema del resumen y así tener toda la materia lo más sintetizada posible. Lo que hice ahora de manera innata fue tomar los textos y leer, admito que subrayé, pero no me quedaban todas las páginas de color amarillo fosforescente, ahora eran sólo una par de líneas, que cuando las leía (no puedo dejar de usar esta expresión, ya que me interpreta mucho) traían el mundo del texto a la mano, y mucho más.
Muchas veces hablé, muchas otras callé, y la verdad es que cuando callaba es que tenía en mi cabeza una cantidad de pensamientos, ideas, preguntas, respuestas y sensación de estar reconociéndome, que si me proponía hablar dejarían de fluir, y las necesitaba, para pensar y sentir este proceso que comenzó hace un tiempo; “¿Qué respondería si me preguntan quién soy? ¿Cómo me definiría, en relación a qué y a quiénes? ¿Con qué vibro? Mmmm,… Cuál es mi esencia esencial?”
Estas preguntas, debo reconocer, me inquietan mucho, pero a la vez siento que sin ellas no tendría, al menos para mí, mucho sentido el estar vivos. Cuestionándome esto, siento que verdaderamente Yo Vivo Mi Vida, en relación a otros, y no los Otros Me Viven, ya que así como mi entorno influye en mí, yo también en éste. Jajaja, sé que ante este último comentario puede surgir tu cuestionamiento, que también surge en mí, que según Maturana cualquier cambio en el entorno generará una respuesta en mi, por ende se podría decir que de una u otras forma sí vives la vida. En donde hago la aclaración con respecto a mi comentario, es que yo escojo de manera consciente vivir, no como un ente que reacciona por inercia ante un cambio, sino como una persona que decide cómo reaccionar.
Siento que hay muchas personas que no viven su vida, más bien se la viven, reflejado en comentarios como “me tocó, yo no lo escogí” o “es lo que hay”, y tantos otros. Yo opto por hacerme responsable, no responsabilizar a otros, opto por buscar, no por sentarme a esperar. Me he pegado porrazos fuertes, sí. En ocasiones me he sentido un poco sola, sí. Pero me gusta, porque me motiva a continuar, tal vez con un par de moretones de los cuales me enorgullezco, son símbolos de crecimiento. Me hace sentir la necesidad de un otro, de reconocer, en contraposición a esa soberbia humana de “yo me las puedo sola”, esa debilidad tan linda, esa fragilidad tan exquisita del ser humano de necesitar de otro para encontrarse, sentirse amado y continuar esa búsqueda constante de uno mismo.
Hay un dicho, bastante paradójico, que me encanta: “En la vida, lo único permanente es el cambio”, y, al menos en mi experiencia, es verdad.
Escribiendo todo esto, me suele ocurrir en los momentos menos esperados, brotaron en mí pensamientos, sensaciones e ideas que dieron como resultado una síntesis, a mi gusto, bastante representativa de mi experiencia a lo largo del curso. Aquí va:
Una confesión debo hacer;
detenidamente los programas de cada curso jamás me senté a leer.
Pienso y la verdad no entiendo por qué no lo hice
“las cosas son por algo” por ahí se dice.
El sentido sí le encontré
y es que expectativas jamás me formé,
sólo llegué a la clase y me senté,
y atentamente todo leí y escuché.
Siento asimilé mil y una cosa
… es divertido esto de escribir en prosa…
No me desvío, te sigo contando,
muchas cosas a lo largo del curso me fui preguntando.
Confundida, asustada, eso no me estaba gustando,
siento raro todo esto que está pasando.
Poco no duró toda esta ambigüedad,
de hecho viene de antes, a más temprana edad.
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy?
Honestamente, en todas estas preguntas estoy.
De manera separada no se responden,
la verdad de unas en otras se esconden.
Gracias por reforzar mi cuestionamiento!!!!!
Tan perdida ya no me siento.
Paradójico puede sonar,
esto de tan perdida no estar,
ya que si bien este curso ha servido a orientarme
mmm….. es una tarea constante esto de encontrarme.
Me gusta esta, según yo, eterna aventura
siento que de cierta manera me asegura,
corrobora en mi algo que hace tiempo he pensado,
y es que cuando siento que mi búsqueda ha acabado,
no es verdad,
es sólo que desde otra perspectiva ha comenzado.
Carolina Angermeyer
III. Fin: “¿Parte práctica? Sí, parte práctica, integradora…
y de contexto, agregaría”
a) Parte práctica:
Junto con este trabajo, dentro de esa cajita, hice entrega de 2 huevos. Por favor; toma uno, cualquiera de los 2, y obsérvalo, siéntelo, descríbelo, defínelo… vívelo…….
¿Listo? Bien, ahora deja ese huevo y toma el otro… haz lo mismo; siéntelo, tómale el peso, defínelo….también vívelo…
¿Qué podrías decir acerca de ambos y cada uno? Como bien te propone el título de este trabajo, ensayo, o el nombre que sientas más representa a estas hojas con letras…. Estos dos huevos, ¿son iguales?... luego de haber leído, sentido y pensado… ¿quieres contarme qué crees?
b) Fin:
Cuando se habló del trabajo final de este curso, fue planteado de manera muy amplia, dejando abiertas dos posibilidades; desesperación total por falta de límites.. mentira, se dijo “no más de 10 hojas”, eso es un límite. Entonces, más que desesperación por falta de límites, desesperación ante la falta de estructura, ó, por otra parte, dejar volar la imaginación.
Opté por la segunda. Si bien en un inicio pasé por la primera, demoró poco en llegar la calma y ver qué podía hacer.
Yo interpreté esta amplitud, conectada a la percepción que tengo acerca de este curso, como la libertad de no preocuparme por hacer un trabajo tan formal y encuadrado como uno acostumbraba a hacer en pregrado, ya que cuando uno pone mucha cabeza a las cosas, siento que pierden su esencia, y la idea que tengo, es que precisamente eso es lo que este curso propone….. volver a la esencia….. y ¿qué es la esencia?... siento que en la vida misma está la respuesta; en la manera de vivirla, sentirla y pensarla….en la manera de experienciarla.
Es esa pregunta… ¿qué es la esencia? la que, en un mínimo grado, quiero responder por medio de la analogía de los 2 huevos, aludiendo un poco al proceso que he vivido desde hace un tiempo y se hizo más presente en este curso.
Un huevo de los entregados es duro y el otro sin cocer. Aparentemente son iguales, pero en verdad son distintos. “Iguales, pero distintos” y es ahí donde entra la esencia. Es aquello que cambia, pero permanece. Aquello que con el pasar de los años va cambiando de forma, pero manteniendo sus características básicas. Aquello que a nivel ontogénico se mantiene, pero que filogenéticamente cambia. Esa es la esencia, y ese es su misterio; la paradoja que lleva dentro…. En su esencia pura.
La finalidad de la vida no es encontrar La Esencia, o La Verdad, o La Felicidad, sino recorrer su camino, y siento esa es también parte de la tarea de la Psicología; ayudar a los demás a recorrer ese camino, apoyado en las propias herramientas y conocimientos, pero, a la vez desprendiéndonos de ellos, buscando intentar acercarse lo máximo posible a la experiencia del otro, pidiendo permiso para hacerlo y ofreciendo nuestra compañía en el tramo del camino que esa persona sienta nos necesita como compañero y a veces guía… y también nosotros aceptando y mirando tiernamente nuestras propias debilidades, para así entenderlas y tenerlas como recurso, más que como obstáculo..
Esa es mi propuesta, te invito…..Ese es mi desafío.
Lee, luego siente y dime ¿Qué Crees?
I. Huevo Uno: “La Carolina”
H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida;
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E ntré a la Universidad y me fue bien.
V oy en mi tercer año de profesional.
O tra carrera? Jamás me lo he planteado.
Me acuerdo perfecto de ese día.. bueno, no tan perfecto, porque la fecha exacta no la sé. Pero sí recuerdo que fue en invierno del año 1998, en Viña… 7 norte con 2 poniente, en el depa de mis tatas, los papás de mi papá, en la pieza principal.. estábamos mi tata Omar y yo.
No puedo decir que teníamos una relación estrecha, ya que por ser yo del sur no nos veíamos mucho, pero sí lo quiero mucho. Además, si no fuera por él, en un 50%, mi papá no existiría, ergo, yo tampoco.
Yo había salido de IV° el año ’97, y me fui a Santiago a estudiar en Preuniversitario, porque el puntaje para medicina no me había alcanzado. ¿Medicina? Sí: medicina. Mi tata tenía cáncer, y cada vez que hablábamos con los doctores yo sentía que no nos decían todo realmente, lo cual me generaba una impotencia enorme y siento fue mi motivación inicial para estudiar medicina. Ahora que lo pienso, era un pensamiento un tanto mágico, porque mi idea era estudiar medicina para ayudar a mi tata.
Aquí entonces, es cuando vuelvo a la pieza de mi tata en Viña. Yo lo había ido a ver por el fin de semana, sabía que no andaba bien, especialmente en tiempo de quimioterapia, estaba realmente sensible.
Cuando llegué del terminal al departamento, recién venían a dejar a mi tata de la clínica para que descansara. Ayudé a que suba; él era no precisamente alto, pero sí maceteado, grande. Al llegar a la pieza lo sentamos en la cama; mi abuela se fue a la cocina y los enfermeros se fueron. Mi tata no se sentía bien, y la impotencia que yo sentía en ese momento no lo hacía nada de mal. Lo único que hacía era pensar en entrar pronto a la U, estudiar, salir y ayudar.
En ese momento recuerdo que sonó el teléfono. Era uno de mis tíos que quería hablar con mi tata para saber como estaba. Le pasé el teléfono y apenas podía balbucear algunas palabras. No estaba limitado por la quimio, si bien estaba muy cansado. Me dí cuenta de que la pena que tenía, era superior a él y no podía hablar, modular, sólo se agarraba la cabeza. FUERTE!!!! Era primera vez que veía así a mi tata. Imagínate!! Un hombre a quien siempre miraste hacia arriba desde chica, y que ahora estaba sentado en su cama llorando como un niño…. La verdad es que te sorprende. Mis emociones en ese momento eran libres y flotantes.
Al ver así a mi tata, y luego de salir del “estado de impresión”, lo único que reaccioné a hacer fue abrazarlo y preguntarle cómo se sentía. Posiblemente dirás que la respuesta era obvia: MAL!, pero necesitaba saberlo de él. Seguido a eso, me pidió que le pasara unas pastillas que estaban en su velador, y al dárselas le pregunté para qué servían, “para morirme” me respondió… lo miré y percibí lo desganado que estaba, la falta de ganas de vivir que sentía y la necesidad de que todo pasara rápido “me duele.. me duele” era lo que, en ocasiones, le oía decir. Sólo decía eso un par de veces en un día, no emitía palabra más alguna. Tenía metástasis en gran parte de sus órganos.
Fue en ese momento, en que creo pude sentir sus pocas ganas de vivir y darme cuenta de su deterioro progresivo, que me cuestioné algo vital en mi vida. Después de ayudar a que se acostase, me senté a los pies de la cama y me quedé contemplándolo. Y volvió ese cuestionamiento…. “¿Medicina?...... ¿Por qué?” y comenzó así un diálogo interno, en donde conversaba conmigo misma acerca de esta elección, hasta que en un punto de toda esta ideofugalidad todo se detuvo, y sólo quedó una idea “Medicina, para ayudar a las personas a estar mejor. ¿Pero cómo?” Eso no lo había pensado “¿Cómo ayuda la medicina? Con remedios y tratamientos… Pero eso no ayuda realmente, no se preocupa de conocer, integrar, sólo de mitigar y/o erradicar”
En eso me quedé largo rato, dándole vueltas a esa idea, hasta que vi en la cara de mi tata una expresión que interpreté como de dolor. “Dolor.. de dónde viene? Es más profundo que un malestar físico. Va más allá del dolor del cuerpo. ¿Cómo sentirse mejor si no se tiene ganas de vivir? ¿Si el combustible básico es precario y se extingue poco a poco?”.
Fue entonces que me di cuenta que para estar bien a nivel físico, se necesita bienestar con uno mismo, limpiar el alma, conocerse más y aceptarse de manera lo más integrada posible. Así se puede aspirar a una mejor calidad de vida, siendo concientes de uno, como individuo y como parte del mundo de los demás. Se necesita estar bien “de adentro” para así lograr estar bien “por fuera”, estar bien en aquello “intangible” para que se refleje en “lo concreto”.
Así, decidí entrar a estudiar Psicología, y si lo pienso, sigo con la misma convicción que hace 10 años atrás, con el mismo nivel de motivación para ejercer mi profesión. Tengo claro el motor que me impulsa y me reafirma día a día que escogí bien. En ocasiones flaqueo, pero eso también me gusta; me ayuda a parar, a cuestionarme, a “sentirme chica” y no aspirar a estar de manera permanente en “la cresta de la ola”.
Me titulé el año 2005, y luego de un viaje de despedida a esa Carolina estudiante y bienvenida a esa Carolina profesional, me ofrecieron trabaja en una consultora, en el área de capacitación, lo cual debo admitir llegó en el momento preciso y decidí tomar esa oportunidad. Me quedé con ella por un año y medio, hasta que ya, aquello que yo interpretaba como “señales” eran demasiado evidentes. “¿Señales?” Sí, por ejemplo, en aquellos talleres en que se trataban temas de relaciones interpersonales en el trabajo, me tomaba un tiempo considerable para conversarlos, lo cual me fascinaba! Y así surgió en mi cabeza la analogía de que ambas psicologías, laboral y clínica, son bastante similares. La diferencia es la manera en que se nos presenta el cliente/paciente. En lo laboral es la empresa y sus “conflictos internos”, por hablar con un vocabulario popular, mientras que en la clínica es la familia, pareja o persona con, también, sus “conflictos internos”. Ese modo de pensar me ayudó mucho, siento me que fue bien gracias a esa analogía.
En un momento, llegué ya a un punto en que me hacía falta la clínica, y decidí renunciar para volver a lo que me gustaba. Todas mis prácticas habían sido en clínica, llegué al área laboral gracias a una oportunidad en un momento justo, la tomé, probé, lo pasé bien y me di cuenta que extrañaba la clínica. Si bien renuncié, no me desligué por completo, ya que de vez en cuando sigo haciendo capacitaciones… Es el contacto con la gente y sus experiencias lo que me hace vibrar; escuchar, intentar entrar en su mundo para saber como es, acercarme lo más posible mientras me lo permitan.
Entonces renuncié! No fue fácil, pero sentía que si no era en ese momento, era nunca. Había estado un año y medio “fuera de las canchas”. Me sentía insegura, así que comencé a buscar qué podía entrar a estudiar que ayudara a pulirme y actualizarme. Fue así que entré a trabajar a Cenfa (Centro de la Familia) y a buscar estudios. Busqué bastante, y debo reconocer que pensaba iba a encontrar bastante más oferta de estudios. Si bien la hay, no encontraba nada que me motivara mucho, incluso este postítulo. Pero mi necesidad de segurizarme más era superior, este postítulo al menos abarcaba psicoanálisis y sistémico. Me gusta el psicoanálisis, pero no para aplicar, sí para entender, y me gusta lo sistémico, que siento se complementa bien con psicoanálisis. Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.
II. Huevo Dos: “La misma Carolina, pero distinta”
H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E n verdad, a 10 años de haber tomado esta decisión
V oy, siento, realmente comenzando a entender
O al menos eso creo, lo que ese camino significa
“Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.”
Cuando comencé el postítulo, tengo que reconocer me desorientó un poco. Mmmm, pobre ingenua, no sabía que ese “un poco” se transformaría en “Wow!!! Paren la centrífuga que se me está revolviendo todo!!!”.
Organizadamente yo había comprado mis cuadernos, uno para cada instancia, y casi los rotulo con la clásica calcomanía blanca. Sin embargo no lo hice, preferí conocer y después organizar… cosa en verdad poco usual en mí.
Así, cuando llego al curso, saco mi cuaderno para anotar “lo que el profe comente”, y me doy cuenta de que en realidad no hay mucho de contenido teórico que anotar, más bien era escuchar, pensar y comentar. Se generó en mí, de manera muy fluida, porque no me incomodó, una manera nueva de “estudiar”. Creo no me incomodó, porque en cierto modo siempre lo he hecho así, pero es primera vez que se me planta de manera tan evidente en frente.
No estudiaba de la manera clásica en que lo hacía antes; leyendo, subrayando y resumiendo, y luego haciendo un esquema del resumen, para finalizar con un esquema del esquema del resumen y así tener toda la materia lo más sintetizada posible. Lo que hice ahora de manera innata fue tomar los textos y leer, admito que subrayé, pero no me quedaban todas las páginas de color amarillo fosforescente, ahora eran sólo una par de líneas, que cuando las leía (no puedo dejar de usar esta expresión, ya que me interpreta mucho) traían el mundo del texto a la mano, y mucho más.
Muchas veces hablé, muchas otras callé, y la verdad es que cuando callaba es que tenía en mi cabeza una cantidad de pensamientos, ideas, preguntas, respuestas y sensación de estar reconociéndome, que si me proponía hablar dejarían de fluir, y las necesitaba, para pensar y sentir este proceso que comenzó hace un tiempo; “¿Qué respondería si me preguntan quién soy? ¿Cómo me definiría, en relación a qué y a quiénes? ¿Con qué vibro? Mmmm,… Cuál es mi esencia esencial?”
Estas preguntas, debo reconocer, me inquietan mucho, pero a la vez siento que sin ellas no tendría, al menos para mí, mucho sentido el estar vivos. Cuestionándome esto, siento que verdaderamente Yo Vivo Mi Vida, en relación a otros, y no los Otros Me Viven, ya que así como mi entorno influye en mí, yo también en éste. Jajaja, sé que ante este último comentario puede surgir tu cuestionamiento, que también surge en mí, que según Maturana cualquier cambio en el entorno generará una respuesta en mi, por ende se podría decir que de una u otras forma sí vives la vida. En donde hago la aclaración con respecto a mi comentario, es que yo escojo de manera consciente vivir, no como un ente que reacciona por inercia ante un cambio, sino como una persona que decide cómo reaccionar.
Siento que hay muchas personas que no viven su vida, más bien se la viven, reflejado en comentarios como “me tocó, yo no lo escogí” o “es lo que hay”, y tantos otros. Yo opto por hacerme responsable, no responsabilizar a otros, opto por buscar, no por sentarme a esperar. Me he pegado porrazos fuertes, sí. En ocasiones me he sentido un poco sola, sí. Pero me gusta, porque me motiva a continuar, tal vez con un par de moretones de los cuales me enorgullezco, son símbolos de crecimiento. Me hace sentir la necesidad de un otro, de reconocer, en contraposición a esa soberbia humana de “yo me las puedo sola”, esa debilidad tan linda, esa fragilidad tan exquisita del ser humano de necesitar de otro para encontrarse, sentirse amado y continuar esa búsqueda constante de uno mismo.
Hay un dicho, bastante paradójico, que me encanta: “En la vida, lo único permanente es el cambio”, y, al menos en mi experiencia, es verdad.
Escribiendo todo esto, me suele ocurrir en los momentos menos esperados, brotaron en mí pensamientos, sensaciones e ideas que dieron como resultado una síntesis, a mi gusto, bastante representativa de mi experiencia a lo largo del curso. Aquí va:
Una confesión debo hacer;
detenidamente los programas de cada curso jamás me senté a leer.
Pienso y la verdad no entiendo por qué no lo hice
“las cosas son por algo” por ahí se dice.
El sentido sí le encontré
y es que expectativas jamás me formé,
sólo llegué a la clase y me senté,
y atentamente todo leí y escuché.
Siento asimilé mil y una cosa
… es divertido esto de escribir en prosa…
No me desvío, te sigo contando,
muchas cosas a lo largo del curso me fui preguntando.
Confundida, asustada, eso no me estaba gustando,
siento raro todo esto que está pasando.
Poco no duró toda esta ambigüedad,
de hecho viene de antes, a más temprana edad.
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy?
Honestamente, en todas estas preguntas estoy.
De manera separada no se responden,
la verdad de unas en otras se esconden.
Gracias por reforzar mi cuestionamiento!!!!!
Tan perdida ya no me siento.
Paradójico puede sonar,
esto de tan perdida no estar,
ya que si bien este curso ha servido a orientarme
mmm….. es una tarea constante esto de encontrarme.
Me gusta esta, según yo, eterna aventura
siento que de cierta manera me asegura,
corrobora en mi algo que hace tiempo he pensado,
y es que cuando siento que mi búsqueda ha acabado,
no es verdad,
es sólo que desde otra perspectiva ha comenzado.
Carolina Angermeyer
III. Fin: “¿Parte práctica? Sí, parte práctica, integradora…
y de contexto, agregaría”
a) Parte práctica:
Junto con este trabajo, dentro de esa cajita, hice entrega de 2 huevos. Por favor; toma uno, cualquiera de los 2, y obsérvalo, siéntelo, descríbelo, defínelo… vívelo…….
¿Listo? Bien, ahora deja ese huevo y toma el otro… haz lo mismo; siéntelo, tómale el peso, defínelo….también vívelo…
¿Qué podrías decir acerca de ambos y cada uno? Como bien te propone el título de este trabajo, ensayo, o el nombre que sientas más representa a estas hojas con letras…. Estos dos huevos, ¿son iguales?... luego de haber leído, sentido y pensado… ¿quieres contarme qué crees?
b) Fin:
Cuando se habló del trabajo final de este curso, fue planteado de manera muy amplia, dejando abiertas dos posibilidades; desesperación total por falta de límites.. mentira, se dijo “no más de 10 hojas”, eso es un límite. Entonces, más que desesperación por falta de límites, desesperación ante la falta de estructura, ó, por otra parte, dejar volar la imaginación.
Opté por la segunda. Si bien en un inicio pasé por la primera, demoró poco en llegar la calma y ver qué podía hacer.
Yo interpreté esta amplitud, conectada a la percepción que tengo acerca de este curso, como la libertad de no preocuparme por hacer un trabajo tan formal y encuadrado como uno acostumbraba a hacer en pregrado, ya que cuando uno pone mucha cabeza a las cosas, siento que pierden su esencia, y la idea que tengo, es que precisamente eso es lo que este curso propone….. volver a la esencia….. y ¿qué es la esencia?... siento que en la vida misma está la respuesta; en la manera de vivirla, sentirla y pensarla….en la manera de experienciarla.
Es esa pregunta… ¿qué es la esencia? la que, en un mínimo grado, quiero responder por medio de la analogía de los 2 huevos, aludiendo un poco al proceso que he vivido desde hace un tiempo y se hizo más presente en este curso.
Un huevo de los entregados es duro y el otro sin cocer. Aparentemente son iguales, pero en verdad son distintos. “Iguales, pero distintos” y es ahí donde entra la esencia. Es aquello que cambia, pero permanece. Aquello que con el pasar de los años va cambiando de forma, pero manteniendo sus características básicas. Aquello que a nivel ontogénico se mantiene, pero que filogenéticamente cambia. Esa es la esencia, y ese es su misterio; la paradoja que lleva dentro…. En su esencia pura.
La finalidad de la vida no es encontrar La Esencia, o La Verdad, o La Felicidad, sino recorrer su camino, y siento esa es también parte de la tarea de la Psicología; ayudar a los demás a recorrer ese camino, apoyado en las propias herramientas y conocimientos, pero, a la vez desprendiéndonos de ellos, buscando intentar acercarse lo máximo posible a la experiencia del otro, pidiendo permiso para hacerlo y ofreciendo nuestra compañía en el tramo del camino que esa persona sienta nos necesita como compañero y a veces guía… y también nosotros aceptando y mirando tiernamente nuestras propias debilidades, para así entenderlas y tenerlas como recurso, más que como obstáculo..
Esa es mi propuesta, te invito…..Ese es mi desafío.
Trabajo Final 4
“Volviendo al Inicio”
Comencé este escrito con una serie de palabras en mi mente, palabras que fueron apareciendo luego de cada seminario, luego de pensar sobre lo que me pasó con este curso. La imagen que tenía era la de un verdadero crucigrama.
Luego, empecé a unir estas palabras, a pensar en ellas, a viajar con ellas. Fue así como me encontré con una serie de preguntas y con la necesidad de comenzar un viaje por mi historia. Fueron estas preguntas las que me llevaron a mi inicio como terapeuta, al inicio de mi práctica clínica.
Entre los cuestionamientos que me he hecho durante estos meses están: ¿cómo llegué a esto?, ¿qué me motivó a dedicarme a la práctica clínica?, ¿qué busco?, ¿qué hago cuando estoy frente a un paciente? ¿qué ideas pre-concebidas hay a la base de mis intervenciones? ¿qué me hace dudar?, ¿cuál es mi relación con el poder? (2)…
En fin, son miles de preguntas que he necesitado ir contestándome para llegar al presente, para tomar conciencia de mí y para comenzar a “responsabilizarme” de mi quehacer clínico. Para “responsabilizarme” como lo entiendo ahora, es decir: tratando de saber quién soy, de identificar qué me pasa con cada persona que tengo al frente, entendiendo que siento, que me afecto. Asumiendo que para hacer psicoterapia (4) no basta con revisar libros y teorías, tener una cierta cantidad de horas de atención de pacientes, horas de supervisión y horas de terapia como lo plantea la Comisión de Acreditación de Psicólogos Clínicos de Chile. Hoy creo que se necesita de un cuestionamiento constante, de un descubrir y de un preguntarse constantemente.
Es precisamente en este preguntarse y en este “volver al inicio” donde encuentro mi cercanía con el psicoanálisis (6). Es desde esta visión que me acerco a las personas que recibo en la consulta, es reconstruyendo la historia, identificando aquellos acontecimientos significativos, es revelando aquellos puntos ciegos como yo logro entender el presente.
Es por esto que aquí intentaré hacer una revisión de mi historia, de aquellos acontecimientos y decisiones que me llevaron a escoger la clínica (8). Considero que esta es la principal pregunta que me surgió durante este curso, la pregunta sobre “mi inicio” y aquí pretendo dar luces de su respuesta.
Comencé a estudiar psicología sin mucha claridad, aunque me avergüenzo un poco, mis consignas en ese entonces eran: “para ayudar a la gente”, “para entender al ser humano”. Ahora, con algunos años de reflexión en terapia, puedo comprender que mis motivaciones más íntimas eran “para ayudar a mí gente”, “para entender a mí gente” (apuntando con esto a temas familiares).
Luego de unos años en la universidad comprendí que mi inclinación y mis consignas iniciales apuntaban al área de la psicología clínica. Sin embargo, no fue solo esto lo que me hizo decidir, sino que además mi elección se respaldaba en que para mí era “mejor la especialidad clínica que las otras (organizacional y educacional) era más interesante, más verdadera, más profunda. Es aquí, a mi pesar, donde reconozco el poder como uno de los motivadores de mi elección.
Después de un tiempo comencé mi pre-práctica clínica, llegué por fin a “atender pacientes”. Por el interés que despertaba en mí el psicoanálisis, opté por la supervisión lacaniana, única posibilidad que había para acercarse a la práctica clínica desde esta teoría (10).
Este interés por el psicoanálisis se fundamentaba además en la idea que yo tenía sobre que ésta era “la visión verdadera, la teoría que me llevaría a saber la verdad (7), la única verdad, que me proporcionaría la visión más profunda y la más completa”. Hoy entiendo que a la base de mi decisión había nuevamente una visión positivista (12) y objetivista de los fenómenos. Nunca lo había visto así, fue este curso el que me hizo llegar a esta conclusión, llegar a esta respuesta.
Hasta aquí reconozco, como parte de mis motivadores para elegir la clínica, rasgos de soberbia (9), superioridad y poder. Esto que veía tan claramente en los otros, aquellos seguidores de Lacan que conocí en este momento de mi vida, también existía en mí. Yo era muy crítica de las otras teorías, encontraba que estaban equivocadas, que eran superficiales, contrarias a la verdad. Nada de esto era muy explícito, era más bien un pensamiento íntimo, que solo existía para mí y los más cercanos. A pesar de que hoy esto me avergüenza un poco reconozco que fue mi proceso, mi forma de llegar hasta aquí. Estas son las respuestas que he encontrado con esta reflexión, pretendo hacerme cargo de ellas.
Fue así como llegué al encuentro de mis primeros pacientes. Con mucho susto e inseguridad, creyendo que existía una única forma de entender los fenómenos, una única forma de acceder a “la verdad”. Me sentía confundida en la escena clínica, tenía la impresión que debía adoptar un “papel de terapeuta”, papel que se caracterizaba por ser frío, distante, neutral y rígido. Donde no debía involucrarme “como persona”, solo debía estar allí como “terapeuta”. Hoy me pregunto ¿qué es eso?, ¿cómo podría lograrse algo así?.
Estaba confundida, este papel no me acomodaba, me sentía poco acogedora, centrada en mí y muy distante de la persona que tenía al frente. Además, esto era contrario a lo que yo sentía como paciente, experiencia que llevaba experimentando hace un año. Hoy creo que fue justamente esta experiencia la que me enseñó “otra forma”, o mejor dicho “la única forma”, pues hasta aquí yo sentía que sólo se hablaba de teoría, pero nada de práctica, nada del cómo hacer. Peor aún, sentía que no entendía nada de esa teoría que la mayoría alababa y que encontraba tan interesante.
De esta manera, llegué al final de mi formación académica. Luego de esta experiencia hice mi práctica profesional. Práctica que no fue tan guiada desde lo teórico, ya que se respetaban las distintas teorías como diferentes posibilidades de abordar el ámbito clínico. Aquí conocí otras formas de afrontar la psicoterapia, aprendí a respetar las distintas visiones, a escuchar y a escucharme más. Si bien, el psicoanálisis seguía haciéndome sentido para entender y explicar los fenómenos humanos, entendía que había varias formas de abordar la clínica desde esta visión. Esto me tranquilizó y reafirmó en mi decisión de dedicarme a la psicoterapia.
Durante este período enfrenté la clínica un poco más tranquila, el fantasma de la neutralidad (5) y la distancia estaba presente, pero no tan cercano. Esto me permitió ser más “yo”, cometer algunos “pecados (11) clínicos” como por ejemplo: reírme, hablar, ser directiva a veces, aceptar regalos, ser espontánea. Todas estas situaciones las vivía con culpa, pues era contrario a lo que había interiorizado en mi primera formación.
Si bien algunas situaciones fueron cambiando al momento de abordar la psicoterapia, hay algo que permanecía en mí. Creía que debía “convencer” a la persona que tenía al frente, que debía descubrir qué era lo que le ocurría y llevarla al reconocimiento de ello. Hoy comprendo que esto era poco respetuoso, pues muchas veces creí poseer la verdad sobre el otro, esto pese a que muchas veces estudié que “el único que sabía lo que le pasaba era el paciente”. Sin embargo, esta fue una de tantas premisas que quedaron en algún lugar de mí, pero que no tuvieron el suficiente análisis, hasta ahora.
Luego de esto me titulé y comencé a trabajar en el ámbito escolar. No obstante, para estar cerca de lo que considero me apasiona comencé a atender pacientes en una pasantía del consultorio de mi universidad, actividad que realizo hasta hoy. Considero que esta ha sido una experiencia enriquecedora, reparadora, las personas que trabajan conmigo y que me supervisan poseen una formación sistémica. Siento que he crecido y madurado en este lugar, que he ido encontrando mi estilo, adaptándome a lo que soy, aceptando y queriendo “lo que hay”.
De esta manera he llegado hasta aquí, con estas creencias, con estos lentes y formas de entender el mundo, de entender los fenómenos, de enfrentar la psicoterapia. Llegué a este postítulo para adquirir “teoría y práctica”, complemento que considero siempre me ha faltado. Me enfrenté la primera vez a este curso de epistemología creyendo que sería un viaje sobre las distintas teorías, pero me encontré con un viaje hacia mis prejuicios (1), mis rigideces, mis puntos ciegos, mi historia.
En principio esto no fue agradable, me provocó rabia, vergüenza, confusión, sentí que no sabía nada, que lo había entendido todo al revés, me cuestioné todo. Había días en que todo lo que se planteaba en el seminario era fantástico y otros en que todo me parecía absurdo. Pero lo más importante es que este curso me permitió hacer esta reflexión, me permitió pensar, por primera vez, en mi forma de enfrentar la clínica. No en “teorías”, sino en mi forma, con lo que traigo, con mis temores, con mis dudas, con todo lo que soy… eso me parece fantástico.
Así también, me permitió cuestionar aquellas ideas que parecían parte de mi ser, aceptadas en el pasado sin haber hecho un análisis real, sincero, ético. Hoy creo tener mayor claridad respecto a mi forma de hacer psicoterapia, me siento más atenta y con mayores recursos para no ejercer siempre aquel “poder” que me ha servido, en muchas ocasiones, para esconder y no asumir mis inseguridades y debilidades en el ámbito clínico. Y si lo hago, me siento más preparada para verlo y hacerme cargo de ello.
Tengo la sensación de estar iniciando un camino, una nueva forma de entender la vida, los fenómenos, la clínica. Tengo la impresión de haber encontrado muchas puertas que llevan afuera.
La teoría intersubjetiva (2) ha sido una de estas puertas, me ha parecido muy interesante, sobre todo en la práctica. Pienso que se ajusta más a mi estilo, me parece una forma sencilla, respetuosa de enfrentar la clínica, una forma que obliga a estar allí, a ser consiente de lo que uno es en cada momento y de tener en cuenta que uno se afecta y afecta al otro en la escena clínica.
He reflexionado también en torno a lo esencial que es hacerse una terapia. No solo lo pienso, sino que también así lo he vivido. Tengo la impresión que el trabajo que he realizado durante algunos años como paciente me ha permitido llegar acá. Siento que mi terapia ha sido parte de mi formación, de mi proceso. Me ha permitido aceptarme, entenderme, abordar las miles de preguntas que durante este viaje han aparecido.
No quiero terminar esta reflexión dando respuestas definitivas a las preguntas que me planteé en un principio, sino sólo quiero pensar que estas preguntas son una invitación a un viaje distinto, a un viaje más claro, a un viaje que emprendo con lentes que me permiten ver con mayor nitidez el paisaje.
Comencé este escrito con una serie de palabras en mi mente, palabras que fueron apareciendo luego de cada seminario, luego de pensar sobre lo que me pasó con este curso. La imagen que tenía era la de un verdadero crucigrama.
Luego, empecé a unir estas palabras, a pensar en ellas, a viajar con ellas. Fue así como me encontré con una serie de preguntas y con la necesidad de comenzar un viaje por mi historia. Fueron estas preguntas las que me llevaron a mi inicio como terapeuta, al inicio de mi práctica clínica.
Entre los cuestionamientos que me he hecho durante estos meses están: ¿cómo llegué a esto?, ¿qué me motivó a dedicarme a la práctica clínica?, ¿qué busco?, ¿qué hago cuando estoy frente a un paciente? ¿qué ideas pre-concebidas hay a la base de mis intervenciones? ¿qué me hace dudar?, ¿cuál es mi relación con el poder? (2)…
En fin, son miles de preguntas que he necesitado ir contestándome para llegar al presente, para tomar conciencia de mí y para comenzar a “responsabilizarme” de mi quehacer clínico. Para “responsabilizarme” como lo entiendo ahora, es decir: tratando de saber quién soy, de identificar qué me pasa con cada persona que tengo al frente, entendiendo que siento, que me afecto. Asumiendo que para hacer psicoterapia (4) no basta con revisar libros y teorías, tener una cierta cantidad de horas de atención de pacientes, horas de supervisión y horas de terapia como lo plantea la Comisión de Acreditación de Psicólogos Clínicos de Chile. Hoy creo que se necesita de un cuestionamiento constante, de un descubrir y de un preguntarse constantemente.
Es precisamente en este preguntarse y en este “volver al inicio” donde encuentro mi cercanía con el psicoanálisis (6). Es desde esta visión que me acerco a las personas que recibo en la consulta, es reconstruyendo la historia, identificando aquellos acontecimientos significativos, es revelando aquellos puntos ciegos como yo logro entender el presente.
Es por esto que aquí intentaré hacer una revisión de mi historia, de aquellos acontecimientos y decisiones que me llevaron a escoger la clínica (8). Considero que esta es la principal pregunta que me surgió durante este curso, la pregunta sobre “mi inicio” y aquí pretendo dar luces de su respuesta.
Comencé a estudiar psicología sin mucha claridad, aunque me avergüenzo un poco, mis consignas en ese entonces eran: “para ayudar a la gente”, “para entender al ser humano”. Ahora, con algunos años de reflexión en terapia, puedo comprender que mis motivaciones más íntimas eran “para ayudar a mí gente”, “para entender a mí gente” (apuntando con esto a temas familiares).
Luego de unos años en la universidad comprendí que mi inclinación y mis consignas iniciales apuntaban al área de la psicología clínica. Sin embargo, no fue solo esto lo que me hizo decidir, sino que además mi elección se respaldaba en que para mí era “mejor la especialidad clínica que las otras (organizacional y educacional) era más interesante, más verdadera, más profunda. Es aquí, a mi pesar, donde reconozco el poder como uno de los motivadores de mi elección.
Después de un tiempo comencé mi pre-práctica clínica, llegué por fin a “atender pacientes”. Por el interés que despertaba en mí el psicoanálisis, opté por la supervisión lacaniana, única posibilidad que había para acercarse a la práctica clínica desde esta teoría (10).
Este interés por el psicoanálisis se fundamentaba además en la idea que yo tenía sobre que ésta era “la visión verdadera, la teoría que me llevaría a saber la verdad (7), la única verdad, que me proporcionaría la visión más profunda y la más completa”. Hoy entiendo que a la base de mi decisión había nuevamente una visión positivista (12) y objetivista de los fenómenos. Nunca lo había visto así, fue este curso el que me hizo llegar a esta conclusión, llegar a esta respuesta.
Hasta aquí reconozco, como parte de mis motivadores para elegir la clínica, rasgos de soberbia (9), superioridad y poder. Esto que veía tan claramente en los otros, aquellos seguidores de Lacan que conocí en este momento de mi vida, también existía en mí. Yo era muy crítica de las otras teorías, encontraba que estaban equivocadas, que eran superficiales, contrarias a la verdad. Nada de esto era muy explícito, era más bien un pensamiento íntimo, que solo existía para mí y los más cercanos. A pesar de que hoy esto me avergüenza un poco reconozco que fue mi proceso, mi forma de llegar hasta aquí. Estas son las respuestas que he encontrado con esta reflexión, pretendo hacerme cargo de ellas.
Fue así como llegué al encuentro de mis primeros pacientes. Con mucho susto e inseguridad, creyendo que existía una única forma de entender los fenómenos, una única forma de acceder a “la verdad”. Me sentía confundida en la escena clínica, tenía la impresión que debía adoptar un “papel de terapeuta”, papel que se caracterizaba por ser frío, distante, neutral y rígido. Donde no debía involucrarme “como persona”, solo debía estar allí como “terapeuta”. Hoy me pregunto ¿qué es eso?, ¿cómo podría lograrse algo así?.
Estaba confundida, este papel no me acomodaba, me sentía poco acogedora, centrada en mí y muy distante de la persona que tenía al frente. Además, esto era contrario a lo que yo sentía como paciente, experiencia que llevaba experimentando hace un año. Hoy creo que fue justamente esta experiencia la que me enseñó “otra forma”, o mejor dicho “la única forma”, pues hasta aquí yo sentía que sólo se hablaba de teoría, pero nada de práctica, nada del cómo hacer. Peor aún, sentía que no entendía nada de esa teoría que la mayoría alababa y que encontraba tan interesante.
De esta manera, llegué al final de mi formación académica. Luego de esta experiencia hice mi práctica profesional. Práctica que no fue tan guiada desde lo teórico, ya que se respetaban las distintas teorías como diferentes posibilidades de abordar el ámbito clínico. Aquí conocí otras formas de afrontar la psicoterapia, aprendí a respetar las distintas visiones, a escuchar y a escucharme más. Si bien, el psicoanálisis seguía haciéndome sentido para entender y explicar los fenómenos humanos, entendía que había varias formas de abordar la clínica desde esta visión. Esto me tranquilizó y reafirmó en mi decisión de dedicarme a la psicoterapia.
Durante este período enfrenté la clínica un poco más tranquila, el fantasma de la neutralidad (5) y la distancia estaba presente, pero no tan cercano. Esto me permitió ser más “yo”, cometer algunos “pecados (11) clínicos” como por ejemplo: reírme, hablar, ser directiva a veces, aceptar regalos, ser espontánea. Todas estas situaciones las vivía con culpa, pues era contrario a lo que había interiorizado en mi primera formación.
Si bien algunas situaciones fueron cambiando al momento de abordar la psicoterapia, hay algo que permanecía en mí. Creía que debía “convencer” a la persona que tenía al frente, que debía descubrir qué era lo que le ocurría y llevarla al reconocimiento de ello. Hoy comprendo que esto era poco respetuoso, pues muchas veces creí poseer la verdad sobre el otro, esto pese a que muchas veces estudié que “el único que sabía lo que le pasaba era el paciente”. Sin embargo, esta fue una de tantas premisas que quedaron en algún lugar de mí, pero que no tuvieron el suficiente análisis, hasta ahora.
Luego de esto me titulé y comencé a trabajar en el ámbito escolar. No obstante, para estar cerca de lo que considero me apasiona comencé a atender pacientes en una pasantía del consultorio de mi universidad, actividad que realizo hasta hoy. Considero que esta ha sido una experiencia enriquecedora, reparadora, las personas que trabajan conmigo y que me supervisan poseen una formación sistémica. Siento que he crecido y madurado en este lugar, que he ido encontrando mi estilo, adaptándome a lo que soy, aceptando y queriendo “lo que hay”.
De esta manera he llegado hasta aquí, con estas creencias, con estos lentes y formas de entender el mundo, de entender los fenómenos, de enfrentar la psicoterapia. Llegué a este postítulo para adquirir “teoría y práctica”, complemento que considero siempre me ha faltado. Me enfrenté la primera vez a este curso de epistemología creyendo que sería un viaje sobre las distintas teorías, pero me encontré con un viaje hacia mis prejuicios (1), mis rigideces, mis puntos ciegos, mi historia.
En principio esto no fue agradable, me provocó rabia, vergüenza, confusión, sentí que no sabía nada, que lo había entendido todo al revés, me cuestioné todo. Había días en que todo lo que se planteaba en el seminario era fantástico y otros en que todo me parecía absurdo. Pero lo más importante es que este curso me permitió hacer esta reflexión, me permitió pensar, por primera vez, en mi forma de enfrentar la clínica. No en “teorías”, sino en mi forma, con lo que traigo, con mis temores, con mis dudas, con todo lo que soy… eso me parece fantástico.
Así también, me permitió cuestionar aquellas ideas que parecían parte de mi ser, aceptadas en el pasado sin haber hecho un análisis real, sincero, ético. Hoy creo tener mayor claridad respecto a mi forma de hacer psicoterapia, me siento más atenta y con mayores recursos para no ejercer siempre aquel “poder” que me ha servido, en muchas ocasiones, para esconder y no asumir mis inseguridades y debilidades en el ámbito clínico. Y si lo hago, me siento más preparada para verlo y hacerme cargo de ello.
Tengo la sensación de estar iniciando un camino, una nueva forma de entender la vida, los fenómenos, la clínica. Tengo la impresión de haber encontrado muchas puertas que llevan afuera.
La teoría intersubjetiva (2) ha sido una de estas puertas, me ha parecido muy interesante, sobre todo en la práctica. Pienso que se ajusta más a mi estilo, me parece una forma sencilla, respetuosa de enfrentar la clínica, una forma que obliga a estar allí, a ser consiente de lo que uno es en cada momento y de tener en cuenta que uno se afecta y afecta al otro en la escena clínica.
He reflexionado también en torno a lo esencial que es hacerse una terapia. No solo lo pienso, sino que también así lo he vivido. Tengo la impresión que el trabajo que he realizado durante algunos años como paciente me ha permitido llegar acá. Siento que mi terapia ha sido parte de mi formación, de mi proceso. Me ha permitido aceptarme, entenderme, abordar las miles de preguntas que durante este viaje han aparecido.
No quiero terminar esta reflexión dando respuestas definitivas a las preguntas que me planteé en un principio, sino sólo quiero pensar que estas preguntas son una invitación a un viaje distinto, a un viaje más claro, a un viaje que emprendo con lentes que me permiten ver con mayor nitidez el paisaje.
martes, 15 de julio de 2008
Trabajo Final 3
Conversaciones, redefiniciones, proceso…
Mi experiencia en este curso, desde el primer día, ha sido la del cuestionamiento. Recuerdo aquella instancia en que nos ofreciste el espacio para comentar el camino que habíamos hecho en psicología, nuestra elección teórica y lo que realizábamos en la actualidad… me recuerdo contestando vagamente y mostrando bastante de lo que en ese momento me molestaba del camino que había seguido… desde esa primera clase se movilizaron en mi varias emociones y recuerdos, lo cual me hizo retomar incluso aspectos que creí estaban resueltos y que a través del curso se me han ido aclarando…
Quizá lo que se me ha ido aclarando es que no tengo porque llegar a resolverlo “todo” o encontrar respuestas finales… y se me ha vuelto más relevante conocerme y saber que eso es un proceso sin término, que se juega más bien en el presente, y en el que se hace importante ver cómo se juega mi pasado…
En este sentido, considero que mi responsabilidad como psicóloga es fomentar la capacidad de observar cómo me pongo en juego con mis pacientes, lo que en parte conlleva una mirada acerca de la teoría, pero en gran medida es una mirada sobre mi misma, en tanto es una reflexión sobre mi propio ser y cómo me relaciono con cada paciente, descubriéndome en relación con otro…
… y también entendiendo como psicóloga y persona que muchas veces es difícil mirarnos, que hay puntos ciegos, y que los demás pueden ayudarnos a ver… o mostrarnos aspectos que no queremos ver…
Personalmente pienso que ésta profesión nos interpela en nuestra forma de ser y de actuar, y conlleva una gran responsabilidad humana… para mi es importante observar mis actitudes y mis teorías para que puedan estar al servicio del proceso del paciente y no al de mi ego o simple satisfacción personal…
Considero que hay que evitar una retraumatización del paciente en manos del psicólogo… suena fuerte, pero durante el curso observé también que se pueden cometer atrocidades en nombre de lo que sea, no sólo por las lecturas, sino también a través de algunas historias que me comentaron de psicólogos que actualmente hacen lo que quieren… que importante que es tratar de realizar una autocrítica de nuestra labor, de ser honestos con nosotros mismos… lo que también es difícil, y seguro una labor que no es tan solitaria como suena... recordando que somos en relación…
Para finalizar, quiero comentar también que esta experiencia del curso me ha ayudado a ganar grados de libertad de mi misma, que me ha ayudado a observar y participar de una forma distinta en mi terapia personal como paciente (aquí recuerdo aquella clase en que tú comentaste una pintura y cómo era importante que el paciente ganara su batalla también, que el psicólogo tenía que dejar que eso sucediera)… y que las conversaciones han sido parte continua dentro del curso y en mi interior, las he llevado conmigo a otras instancias también, que he logrado redefinir muchas cosas, pero más que nada me quedo con la sensación de proceso, de dejar de buscar absolutos y aceptar la continua conversación y redefinición…
Mi experiencia en este curso, desde el primer día, ha sido la del cuestionamiento. Recuerdo aquella instancia en que nos ofreciste el espacio para comentar el camino que habíamos hecho en psicología, nuestra elección teórica y lo que realizábamos en la actualidad… me recuerdo contestando vagamente y mostrando bastante de lo que en ese momento me molestaba del camino que había seguido… desde esa primera clase se movilizaron en mi varias emociones y recuerdos, lo cual me hizo retomar incluso aspectos que creí estaban resueltos y que a través del curso se me han ido aclarando…
Quizá lo que se me ha ido aclarando es que no tengo porque llegar a resolverlo “todo” o encontrar respuestas finales… y se me ha vuelto más relevante conocerme y saber que eso es un proceso sin término, que se juega más bien en el presente, y en el que se hace importante ver cómo se juega mi pasado…
En este sentido, considero que mi responsabilidad como psicóloga es fomentar la capacidad de observar cómo me pongo en juego con mis pacientes, lo que en parte conlleva una mirada acerca de la teoría, pero en gran medida es una mirada sobre mi misma, en tanto es una reflexión sobre mi propio ser y cómo me relaciono con cada paciente, descubriéndome en relación con otro…
… y también entendiendo como psicóloga y persona que muchas veces es difícil mirarnos, que hay puntos ciegos, y que los demás pueden ayudarnos a ver… o mostrarnos aspectos que no queremos ver…
Personalmente pienso que ésta profesión nos interpela en nuestra forma de ser y de actuar, y conlleva una gran responsabilidad humana… para mi es importante observar mis actitudes y mis teorías para que puedan estar al servicio del proceso del paciente y no al de mi ego o simple satisfacción personal…
Considero que hay que evitar una retraumatización del paciente en manos del psicólogo… suena fuerte, pero durante el curso observé también que se pueden cometer atrocidades en nombre de lo que sea, no sólo por las lecturas, sino también a través de algunas historias que me comentaron de psicólogos que actualmente hacen lo que quieren… que importante que es tratar de realizar una autocrítica de nuestra labor, de ser honestos con nosotros mismos… lo que también es difícil, y seguro una labor que no es tan solitaria como suena... recordando que somos en relación…
Para finalizar, quiero comentar también que esta experiencia del curso me ha ayudado a ganar grados de libertad de mi misma, que me ha ayudado a observar y participar de una forma distinta en mi terapia personal como paciente (aquí recuerdo aquella clase en que tú comentaste una pintura y cómo era importante que el paciente ganara su batalla también, que el psicólogo tenía que dejar que eso sucediera)… y que las conversaciones han sido parte continua dentro del curso y en mi interior, las he llevado conmigo a otras instancias también, que he logrado redefinir muchas cosas, pero más que nada me quedo con la sensación de proceso, de dejar de buscar absolutos y aceptar la continua conversación y redefinición…
Trabajo Final 2
En este relato acerca de mi experiencia en este curso de fundamentos epistemológicos de la psicoterapia, que creo que he cumplido mis expectativas en este postitulo al encontrarme con una caja de sorpresas, quizás se acostumbra que en la formación de pregrado la forma de enseñanza es el decirle al alumno como se deben hacer las cosas y que método o teoría es la mas adecuada a su aprendizaje, por lo que el alumno es un ser “pasivo”, ante la autoridad que serian los “docentes”.Creo que al entrar a estudiar esta carrera tenia una serie de expectativas que ha medida que pasa el tiempo y sobretodo trabajando a nivel institucional se produce una gran frustración, por sentir que existe una desesperanza general frente al sistema, que no ayuda a nuestros pacientes, sino mas bien los empeoramos frente a diagnósticos, fármacos y centros de internación se les “encasilla”, y me integro ya que no podría decir que nunca he caído en este juego de poder, es decir “si el terapeuta lo dice así debe ser”, poca veces nos damos el tiempo para pensar como estoy haciendo mi trabajo o el llegar a pensar por que me pasa esto o lo otro con mis pacientes, por lo que el entrar a este postitulo y en especial este curso , ha sido un terremoto en el ámbito emocional en el sentido de que creo que estaba preocupada de hacer las cosas bien con mis pacientes, sin preocuparme de lo que me sucedía a mi como persona, no se por que tendemos a separar frecuentemente el ser persona con el “ser terapeuta”, pensando muchas veces que el ser persona es mi esencia, mi autentico yo y esto hay que dejarlo de lado cuando se habla de ser psicólogo- terapeuta, este curso a hecho cuestionarme muchísimas cosas tanto personales como de la profesión, como lo que acabo de nombrar anteriormente, esta separación tan ilusa, como si la persona tuviese que desaparecer al estar frente a un paciente o no estuviese permitido que la persona que consulte a mi, pueda acceder a mi esencia, pero yo si a la de él, como muchas veces lo cuestionamos en el curso, por que se nos hace tan difícil mostrar nuestra contratranferencia al paciente, ¿será por que creemos que quedáramos mas expuestos?, o por que queremos mostrar al paciente que nuestra vida es distinta?, o por que ¿nos quitara el poder que nos compete ante este?, extraño ya que mientras mas lejano y poco autentico te perciba el paciente menos será nuestra capacidad de ayudar a la persona que esta frente nuestro, como decia Maturana, Coddou y Mendez “La relación terapeuta paciente se da en un contexto en el cual el paciente otorga al terapeuta el poder para decidir sobre su vida, esto es lo que da origen a la responsabilidad social del terapeuta, el paciente otorga poder a este consenso social, al aceptar que se le atribuya una patología bajo la creencia de que alguna otra persona tiene la autoridad para decidir sobre su estado por tener un conocimiento objetivo realmente”, acá entramos a la responsabilidad ante los diagnósticos, tema que me resonó fuertemente en mi practica clínica, ya que mi experiencia a nivel institucional marca una jerarquía de cargos en el que la persona que hace el diagnostico es quién tiene el inmenso poder de la verdad absoluta, siendo indiscutida su postura, a continuación voy a relatar una experiencia vivida este año que me marco notablemente mi trabajo clínico y así de esta manera me hizo mucho sentido los textos leídos como juicio a la psicoterapia entre otros, una paciente de treinta y cinco años de edad, asiste a la institución para la cual yo trabajo como psicóloga, siendo derivada de un hospital publico por un psiquiatra con el diagnostico de Esquizofrenia, ante sus antecedentes aparecía que esta “enfermedad” fue diagnosticada por un especialista, cuando la paciente tenia veinte años de edad, siendo siempre tratada con apoyo farmacológico y terapia individual con psicólogo, en un comienzo al sentarme frente a esta paciente sentía que no presentaba el diagnostico antes mencionado, tanto por su sintomatología como por el contacto que ella tenia a nivel emocional, la paciente siempre me hablo no desde ella, sino desde su diagnostico, pareciera que su identidad como ser humano, se componía solo por el hecho de ser Esquizofrenia y ante esta patología se comportaba como tal y desde ahí partía su historia con el siguiente relato:“no trabajo por que soy esquizofrenica y mi familia me cuida para que no me pase nada, seria un riesgo el trabajar”, “no cuido a mi hija por ser esquizofrenica”, dejando la responsabilidad de ella en su rol de madre en manos de terceras personas, no teniendo ningún control frente a sus decisiones, en bastantes ocasiones fue internada en la unidad de psiquiatría del mismo hospital por estar mas pasiva o agresiva que de costumbre “o por que “no hablaba” mis padres me llevaban a internar”, pasando por muchas hospitalizaciones psiquiatritas durante el transcurso de su vida, al ser tratada toda su vida como confirmando tal diagnostico hacia que esta persona se comportara de acuerdo al estigma de su diagnostico, pensé en ese momento tener dos alternativas ante esta paciente: una continuaba realizando la terapia de acuerdo a su diagnostico o dos la que me pareció mas sensato en ese momento ante la cual me incline, el derivar a otro especialista (psiquiatra), para descartar el diagnostico de Esquizofrenia, por que a mi juicio no me encontraba con una persona Esquizofrénica sino frente a un diagnostico erróneo y una persona que había vivido aproximadamente quince años de su vida comportándose y siendo tratada con una persona “enferma mentalmente”, lo que me hizo mucho sentido en un texto leído para este curso el termino de “insania moral” dado que el termino en efecto significa que las personas no viven en la forma en que uno desearía que lo hicieran” “la tiranía de juzgar la vida de otra persona, fue y es la fuente misma de la psicoterapia”, esta frase me marco demasiado y se me pasaron por mi cabeza variados sentimientos y sensaciones y me pregunte ¿que nos creemos los terapeutas?, ¿Cuál es el fin ultimo de la psicoterapia?, ¿Cómo saber si es que estoy haciendo bién mi trabajo o no? ,incapacitándola para tomar deciones frente a su vida como que pareja elegir y no hablar de tener intimidad con un hombre o simplemente inhabilitándola ante su rol de madre (ya que no la dejaba sola su familia con su hija de seis años por temor a que ella no cuidaría bién de ella) por que todo“ esto no era permitido para una enferma mental”, finalmente una psiquiatra con la cual tuve contacto directo con respecto a este caso, descarta rotundamente la esquizofrenia como diagnostico de esta paciente, al momento de informarle a la paciente del erróneo diagnostico que ella había tenido por quince años, esta reacciono preguntando ¿Cómo se comporta la gente normal? “siempre me enseñaron las conductas de mi enfermedad pero no cuáles eran las esperadas para la gente normal”, “no se ser persona por que todos estos años he sido enferma y me han tratado como tal”, esta paciente reacciona con incertidumbre frente a su equivoco diagnostico adjudicado durante años, mi cuestionamiento fue mas grande aún: ¿Cómo es posible reinsertar a esta persona a una sociedad en la cual estuvo tal alejada durante años? ¿Cómo insertar socialmente y familiarmente a esta persona? Mis dudas e incertidumbres crecen aún mas y comienzan a surgir diversas sensaciones y preguntas frente a la salud mental, con todo este análisis de caso, quiso expresar el daño que se le puede hacer a una persona encasillándola con un diagnostico, y lamentablemente pienso que poco a cambiado la salud mental en este país, ya que Aún existen los centros de internación en el cuál son “obligadas” muchas personas a internarse por “ser un problema a nivel familiar” (me refiero a que no cumple los requisitos de normalidad para su familia) o simplemente por no cumplir con los cánones esperados para ser un miembro activo en esta sociedad en la Cual estamos inmersos.
La responsabilidad y ética a la que entonces hago alusión o de la forma como yo la percibo tiene que ver primero que todo, con el cultivo de la humildad personal y luego respecto de los reales alcances de nuestro quehacer profesional (claramente bastante más humildes de lo que uno quisiera), a la manera en que probablemente lo haría el iniciado en el conocimiento del budismo zen, apreciando siempre cada fenómeno como si fuera la primera vez y teniendo como única premisa el hecho de que nos encontramos inmersos a un sin fin de descubrimientos y aprendizajes que en un mar de certezas y verdades únicas. Tiene que ver también, con una conciencia y entrega de la manera más comprometida posible, respecto de la generación de aquella verdad compartida e irreplicable entre nosotros, como personas capaces de equivocarse y aquel otro ser humano que nos solicita ayuda, aferrado también a sus propios dolores y padecimientos, que también constituyen parte de su verdad. Es aquí en donde a mi parecer, es necesario esforzarse permanentemente por estar “genuinamente presentes” respecto de nuestra propia experiencia en interjuego con la de nuestros pacientes, al mismo tiempo que cultivar una “conciencia abierta” que nos permita conocer la escenificación que juntos estamos trayendo a la mano, de tal manera de intentar alcanzar siempre, el conocimiento de la” pauta total” que juntos hemos co construido.
De esta forma para poder comprender el mundo que nos traen nuestros pacientes hemos de empezar a comprendernos a nosotros mismos, es decir, a los propios observadores y a más bien reemplazar el concepto de objetividad por el de responsabilidad y ética” (Maturana & Varela, 2003). En relación a esto, Varela refiere que por un lado, “nuestra percepción está en nuestro sustrato biológico como cuerpo; por otro lado, nuestras descripciones son plenamente capaces de dar indefinidamente descripciones de si mismas a muchos niveles. A través del sistema nervioso, estos dos modos de clausura a fin de constituir la experiencia más íntima y más difícil de encontrar de todas: nosotros mismos” (Segal, 1994, p.167),
Claramente estas ultimas frases describen lo que me ha pasado mas que un descubrimiento de teorías que me puedan ayudar en mi practica profesional es mas un conocimiento propio que en momentos sentía que iba bien encaminada mientras que en otras situaciones sentía que lo que estaba haciendo era nada“ ante el paciente, creo que reconocer al otro como legitimo otro, ayuda a conocer nuestros limites de la practica clínica y de esta manera ir integrando las diferentes teorías según encajen para nuestra ayuda terapéutica, la importancia de ubicarse en una pocision de igual a igual frente al paciente, el poder pararse desde ahí en la clínica, si uno se sitúa desde esta visión es otro mundo que se abre distinto al mundo que puede traer el paciente a la mano, en el plano de la autenciadad hacia el paciente, creo que cuando uno esta comenzando quizás por temor a hacer las cosas mal tendemos a “imitar” a lo que es “ser un buen terapeuta”, según nuestra visión y percepción de esto o lo que muchas veces no han enseñado, sin permitirnos equivocarnos o reconocer nuestros errores ante el paciente, la idea final es incorporarse uno a la escena como uno es y también como participante activo ante la realidad y legitimidad del otro.
esto me hace mucho sentido con lo que he sentido a lo largo de este semestre, el conocerme mas yo, para donde voy, quien soy y hacia donde quiero llegar tanto como persona como terapeuta, pero la esencia del ser persona siempre esta ligada a nuestra formación como terapeuta.
Humberto Maturana y Francisco Varela proponen entre acción y experiencia, aquella inseparatividad entre ser de una manera en particular y como el mundo nos aparece, advirtiéndonos que todo acto de conocer, trae un mundo a la mano (Maturana & Varela, 2003), colocando al mismo tiempo de relieve la clásica frase: “todo hacer es conocer y todo conocer es hacer” (Maturana & Varela, 2003, p.
Quisas por la costumbre de que nos es importante destacar que la subjetividad del terapéutica construida básicamente en su historia de vida personal, es realmente la base orientadora que lo impulsa por ejemplo, a elegir atender a determinados pacientes y no a otros, que lo motiva a considerar determinado estilo, marcos teóricos y técnicos y no otros, como verdadero fundamento que orienta su comprensión de las personas, de la realidad y evidentemente de sí mismo, independientemente que exista de aquello un darse cuenta más menos elaborado.
De este modo, lo más delicado a mi juicio, es que uno como terapeuta no se haga cargo de la articulación entre su subjetividad y él o los modelos teóricos y técnicos que ha elegido.
E.T.H.
La responsabilidad y ética a la que entonces hago alusión o de la forma como yo la percibo tiene que ver primero que todo, con el cultivo de la humildad personal y luego respecto de los reales alcances de nuestro quehacer profesional (claramente bastante más humildes de lo que uno quisiera), a la manera en que probablemente lo haría el iniciado en el conocimiento del budismo zen, apreciando siempre cada fenómeno como si fuera la primera vez y teniendo como única premisa el hecho de que nos encontramos inmersos a un sin fin de descubrimientos y aprendizajes que en un mar de certezas y verdades únicas. Tiene que ver también, con una conciencia y entrega de la manera más comprometida posible, respecto de la generación de aquella verdad compartida e irreplicable entre nosotros, como personas capaces de equivocarse y aquel otro ser humano que nos solicita ayuda, aferrado también a sus propios dolores y padecimientos, que también constituyen parte de su verdad. Es aquí en donde a mi parecer, es necesario esforzarse permanentemente por estar “genuinamente presentes” respecto de nuestra propia experiencia en interjuego con la de nuestros pacientes, al mismo tiempo que cultivar una “conciencia abierta” que nos permita conocer la escenificación que juntos estamos trayendo a la mano, de tal manera de intentar alcanzar siempre, el conocimiento de la” pauta total” que juntos hemos co construido.
De esta forma para poder comprender el mundo que nos traen nuestros pacientes hemos de empezar a comprendernos a nosotros mismos, es decir, a los propios observadores y a más bien reemplazar el concepto de objetividad por el de responsabilidad y ética” (Maturana & Varela, 2003). En relación a esto, Varela refiere que por un lado, “nuestra percepción está en nuestro sustrato biológico como cuerpo; por otro lado, nuestras descripciones son plenamente capaces de dar indefinidamente descripciones de si mismas a muchos niveles. A través del sistema nervioso, estos dos modos de clausura a fin de constituir la experiencia más íntima y más difícil de encontrar de todas: nosotros mismos” (Segal, 1994, p.167),
Claramente estas ultimas frases describen lo que me ha pasado mas que un descubrimiento de teorías que me puedan ayudar en mi practica profesional es mas un conocimiento propio que en momentos sentía que iba bien encaminada mientras que en otras situaciones sentía que lo que estaba haciendo era nada“ ante el paciente, creo que reconocer al otro como legitimo otro, ayuda a conocer nuestros limites de la practica clínica y de esta manera ir integrando las diferentes teorías según encajen para nuestra ayuda terapéutica, la importancia de ubicarse en una pocision de igual a igual frente al paciente, el poder pararse desde ahí en la clínica, si uno se sitúa desde esta visión es otro mundo que se abre distinto al mundo que puede traer el paciente a la mano, en el plano de la autenciadad hacia el paciente, creo que cuando uno esta comenzando quizás por temor a hacer las cosas mal tendemos a “imitar” a lo que es “ser un buen terapeuta”, según nuestra visión y percepción de esto o lo que muchas veces no han enseñado, sin permitirnos equivocarnos o reconocer nuestros errores ante el paciente, la idea final es incorporarse uno a la escena como uno es y también como participante activo ante la realidad y legitimidad del otro.
esto me hace mucho sentido con lo que he sentido a lo largo de este semestre, el conocerme mas yo, para donde voy, quien soy y hacia donde quiero llegar tanto como persona como terapeuta, pero la esencia del ser persona siempre esta ligada a nuestra formación como terapeuta.
Humberto Maturana y Francisco Varela proponen entre acción y experiencia, aquella inseparatividad entre ser de una manera en particular y como el mundo nos aparece, advirtiéndonos que todo acto de conocer, trae un mundo a la mano (Maturana & Varela, 2003), colocando al mismo tiempo de relieve la clásica frase: “todo hacer es conocer y todo conocer es hacer” (Maturana & Varela, 2003, p.
Quisas por la costumbre de que nos es importante destacar que la subjetividad del terapéutica construida básicamente en su historia de vida personal, es realmente la base orientadora que lo impulsa por ejemplo, a elegir atender a determinados pacientes y no a otros, que lo motiva a considerar determinado estilo, marcos teóricos y técnicos y no otros, como verdadero fundamento que orienta su comprensión de las personas, de la realidad y evidentemente de sí mismo, independientemente que exista de aquello un darse cuenta más menos elaborado.
De este modo, lo más delicado a mi juicio, es que uno como terapeuta no se haga cargo de la articulación entre su subjetividad y él o los modelos teóricos y técnicos que ha elegido.
E.T.H.
lunes, 14 de julio de 2008
Trabajo Final
Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia
Profesor: Matías Fernández D.
Paso Por
Un curso De Fundamentos
CAT
A estas alturas del curso de Fundamentos me pregunto qué es un curso, sí se le llama así a esta instancia donde se espera obtener información acerca de alguna materia por un tiempo determinado, o bien como dicen en los diccionarios al conjunto de alumnos que asisten al mismo grado, o el tratado sobre alguna materia etc. Sigo buscando definiciones y me encuentro con una que hace mucho más sentido con lo que pienso, cuando se acerca el cierre del curso de Fundamentos Epistemológicos. Esto es la definición que hace referencia al tiempo al “paso o evolución de algo” e incluso al curso del agua en un río.
Eso Pienso, que este curso ha sido un paso de algo, no sé bien qué pasó, pero pasó...
El curso en relación a las lecturas fue un paso a la crisis, en términos de una oportunidad al cambio. Creo que estas lecturas se encargaron de remover y derrumbar muchos mitos e ideas que estaban intrincadas y automatizadas en mi sistema de razones, esto me significó muchos viernes de silencio (aunque pueda sorprender al lector) desde las tres y media hasta que alguien me preguntaba porque tenía esa cara de enojada. Esto me daba mucha risa, ya que me encontraba con cara de pitufo filosofo intentando ordenar alguna idea, pensando en las explicaciones Freud y todos estos humanos que logran ordenar las ideas como para contarlas a otros (cosa que admiro de sobremanera). Intentaba comparar, acoplar, mezclar e incluso traducir a la fuerza algunas de éstas, con el ingenuo fin de hacer una idea definida de todo eso, algo que pudiera ser explicado si me preguntan cuánto sé o qué estoy estudiando en el Postítulo.
En esos momentos, si bien me ha pasado muchas veces antes cuando algo me hace pensar, me encontré con que el intento por ordenar ideas era más cercana a un tirar piezas que flotan alrededor, y sentirme tranquila en eso, en que estas ideas se agregaban a una constelación que está también en curso, en un movimiento que suelo hacer consciente de vez en cuando y creo se mantendrá hasta que el curso se acabe*. Además una vez más me encuentro con que todavía no acepto que me cuesta mucho pensar de forma lineal y que esos intentos por explicar están ubicados más en una educación y mi parte que intenta desesperadamente adaptarse a los sistemas tradicionales de pensamiento. Sin embargo, no puedo evitarlo y me encuentro con el placer de que me gusta que todas estas explicaciones solamente estén, estén moviéndose o quietas a veces, pero sobretodo disponibles cuando encuentran eco en los sucesos reales o me ayudan a estar receptiva a otras personas y hacer contraste o sintonía con ellos.
Dentro de las lecturas, debo decir que Maturana y Varela me llevaron a lo descrito recién, a pensar en cómo pienso, a criticarme una y otra vez y después perdonarme y tener paciencia conmigo y mi poca experiencia, fue como leer la descripción de un curso, una propuesta, un camino señalado, pero no recorrido. Pude ver en lo planteado por estos autores que hay que pasar por otros libros y hechos, para volver y poner las experiencias una y otra vez a la luz lo que estos autores dicen. La idea de traer mundo a la mano, cómo construimos una y otra vez el mundo en el que nos desenvolvemos. Cómo el encuentro con otros se hace tan necesario para existir como uno, generaron revoluciones en mí, que continúan activas. Al mismo tiempo y coherentemente con lo propuesto parecía solo una teoría cuando intentaba entenderla.
Cuando hablo de un camino recorrido, pienso en nunca parar de recorrer, de cursar entre estos significados, experiencias y los hechos. Ya suena a una apresurada conclusión a este escrito, pero debo decir que esto más que final es el centro de mi paso por el Curso de Fundamentos.
Esta última idea me lleva recordar el camino del curso de Fundamentos y los conflictos que surgieron a mi paso, ya conté de aquel en relación a mi usual estilo de pensamiento. También podría hablar del espacio físico y cómo la disposición de las sillas me llevaron a concentrarme mucho en mis pensamientos, entrando en una especie de aislamiento, por lo que me encontré en incontables ocasiones intentando girar para ver a mis compañeras y no sentir sola la angustia que trae la conciencia del no tener verdades, ni objetividad, ni conocimientos que no fueran construcciones. En esos momentos lo más real y certero era que estaban mis compañeras ahí compartiendo esto.
Percibía que estábamos todos ahí, en seguida me encontraba con el conflicto que me provocaba el silencio de ellas, en las primeras clases, que coincide con el inicio del postítulo. En seguida pensaba cuánto de ese conflicto tenía que ver con mi poca paciencia, la vergüenza de siempre estar hablando y querer que alguien me rescatara de la verborrea, lo cual me fue muy claro cuando usted profesor se refirió a esta característica mía, ese “nunca te quedas callada”; fue un descanso y me dio rabia también, es difícil escuchar a otro. Pero bueno, el conflicto con el grupo era querer conocer qué les pasaba a ellas con todo los que estábamos leyendo y pensando al minuto de la clase, justamente los temas tocados me llevaban a buscar si todo el terremoto era para las otras también. Me sorprendía cuando fuera de la clase esto ocurría y por fin mis compañeras compartían su experiencia. Me encantaría que eso ocurriera en el Curso…aunque también si pienso todo lo que he dicho en relación a ver el Curso como fluir era tan consecuente que cosas ocurrieran afuera de éste.
Por ejemplo, cuando pasó que hablamos del Grupo T en Fundamentos, este hecho me hace pensar en cómo las lecturas y lo comentado en Fundamentos tenía algo de Grupo T en el sentido de lo terapéutico que es mirarse uno mismo y a los otros con la ayuda de teorías tan dinámicas que permiten incluir la experiencia al momento en que uno lee o habla, esta circularidad y simultaneidad, pienso; provoca la intensidad emocional de las reacciones de silencio de mis compañeras, mi explosión de comentarios, la explosión de todas en el que llamo “grupo café” después del Curso y por supuesto los conflictos con los que me iba a mi casa. Recuerdo eso sobre todo cuando apareció el tema del Grupo T o de las instituciones o incluso pensar en cómo la naturaleza va pasando de un estado a otro; al parecer algo clickeaban en mí.
Con relación a usted profesor, y cómo tan coherentemente con las materias propuestas, fue tan auténtico en contar sus experiencias e ideas. Lo que me sorprendió en contraste con esto, fue lo que alguna vez le expliqué como delicadeza con nosotras como grupo, quizás yo esperaba más empujones de su parte a ir un poco más allá como grupo En-Curso. En esto me siento más espectadora, ya que yo si me sentí directamente llamada a pensar acerca de mi posición con respecto al poder, el conocimiento, como cuando conté parte de mis experiencias con pacientes, creo que eso me sirvió mucho hizo que el Curso adquiriera más significado por ser experimentado ahí, el tener que verme pensando en mis principios organizadores y la fuerza o fragilidad de estos.
Ahora pienso; probablemente este deseo proviene de lugares oscuros todavía para mí, ya que es muy probable que no todas nosotras vivamos esto de la misma manera y no todas necesiten o busquen que alguien les proponga pensar acerca del propio comportamiento. Yo sí me sentía desafiada y me doy cuenta que parece que eso me gusta, sentir el susto de no saber que pensar, ni contestar. Queda claro entonces que un Curso tiene su ritmo, en tanto grupo y fluir o cambio, eso me queda más claro.
Me encuentro ahora mientras lo escribo con el apremio y mi ánimo por que pasen cosas. Que no se entienda que es en un afán de avanzar o algo parecido, creo que más que empujar el río, me gusta generar distintas corrientes, probar distintas y como me aburro de mi mano en ideas y comentarios quiero escuchar otras cosas, a veces uno se puede cansar de pensar lo mismo acerca de las cosas, me gusta la idea de que te muestren los puntos ciegos, aunque probable que muchas sigan siéndolo. Me gusta ver y compartir tanto como pueda la experiencia de otros, en este caso usted y mis compañeras. De donde viene este gusto, no tengo idea quizás es lo que me lleva a la vocación de conversar y escuchar a otros, desde que tengo memoria lo hago, no importa donde es solo algo que hago.
Parece que quiero abandonar un momento las declaraciones de principio y mi extremo narcisismo, del que (espero) me hago responsable cada día, para hablar acerca de lo significa tener que hacerse cargo de lo experimentado, escuchado y leído durante el Curso. El resultado de esto sería contradecirme deliberadamente y correr del Curso, salir, hacerme ciega y sorda y vivir en la ilusión que dan las respuestas teóricas. Viene la palabra terror a mi cabeza (muchas veces en clases). No tengo idea cómo hacerlo, cómo no ejercer poder con los pacientes, estar receptiva y a la vez activa en mi trabajo y en mis experiencias cotidianas ¿cómo deshacer el haber tenido acceso a lo hablado en el Curso de Fundamentos, como borrar a Maturana o Stolorow?
Al parecer voy a retroceder mil veces a este refugio, creo que debo reconocer que es tentadora la ceguera, incluso tomar lo visto en el curso de Fundamentos y volverlo una explicación más, desentenderme de la propuesta a mirar y trabajar de otra forma. Pero parece que ya no puedo. Que solitario es salir al mundo social cotidiano con esto, ¿cómo se explica algo que solo se puede proponer a través de acciones? Cómo salir diciendo no sé, para que los otros me muestren lo que ellos saben acerca de las cosas. Y eso creo que el paso por este Curso me llama a practicar en cada momento; pensar acerca de cómo pienso, revisar los sentimientos que me encuentro y cómo me acerco a los otros con preguntas honestas e intentando hacerme responsable de los mundos que construyo.
Creo que esto queda abierto, incluso desde de los caminos que pasé antes de conocer este Curso, que me llevaron a encontrar sentido en esta circularidad propuesta entre ser y hacer. Solo puedo decir que este curso me hace consciente de algo tan simultáneo como pensar y hacer y sentir, siento que fue una parada en el camino a mirar y entender algunas cosas sobre cómo entendemos las personas, los terapeutas, todos. Permanentemente esta clase me recordaba la misma sensación que tengo cuando trabajo con una persona al frente y lo que me gusta de hacerlo, como si todo estuviera pasando ahí al mismo tiempo. Podría decirse que es un Curso quieto, donde todo se puede apreciar con mayor tranquilidad.
* curso de mi vida.
Profesor: Matías Fernández D.
Paso Por
Un curso De Fundamentos
CAT
A estas alturas del curso de Fundamentos me pregunto qué es un curso, sí se le llama así a esta instancia donde se espera obtener información acerca de alguna materia por un tiempo determinado, o bien como dicen en los diccionarios al conjunto de alumnos que asisten al mismo grado, o el tratado sobre alguna materia etc. Sigo buscando definiciones y me encuentro con una que hace mucho más sentido con lo que pienso, cuando se acerca el cierre del curso de Fundamentos Epistemológicos. Esto es la definición que hace referencia al tiempo al “paso o evolución de algo” e incluso al curso del agua en un río.
Eso Pienso, que este curso ha sido un paso de algo, no sé bien qué pasó, pero pasó...
El curso en relación a las lecturas fue un paso a la crisis, en términos de una oportunidad al cambio. Creo que estas lecturas se encargaron de remover y derrumbar muchos mitos e ideas que estaban intrincadas y automatizadas en mi sistema de razones, esto me significó muchos viernes de silencio (aunque pueda sorprender al lector) desde las tres y media hasta que alguien me preguntaba porque tenía esa cara de enojada. Esto me daba mucha risa, ya que me encontraba con cara de pitufo filosofo intentando ordenar alguna idea, pensando en las explicaciones Freud y todos estos humanos que logran ordenar las ideas como para contarlas a otros (cosa que admiro de sobremanera). Intentaba comparar, acoplar, mezclar e incluso traducir a la fuerza algunas de éstas, con el ingenuo fin de hacer una idea definida de todo eso, algo que pudiera ser explicado si me preguntan cuánto sé o qué estoy estudiando en el Postítulo.
En esos momentos, si bien me ha pasado muchas veces antes cuando algo me hace pensar, me encontré con que el intento por ordenar ideas era más cercana a un tirar piezas que flotan alrededor, y sentirme tranquila en eso, en que estas ideas se agregaban a una constelación que está también en curso, en un movimiento que suelo hacer consciente de vez en cuando y creo se mantendrá hasta que el curso se acabe*. Además una vez más me encuentro con que todavía no acepto que me cuesta mucho pensar de forma lineal y que esos intentos por explicar están ubicados más en una educación y mi parte que intenta desesperadamente adaptarse a los sistemas tradicionales de pensamiento. Sin embargo, no puedo evitarlo y me encuentro con el placer de que me gusta que todas estas explicaciones solamente estén, estén moviéndose o quietas a veces, pero sobretodo disponibles cuando encuentran eco en los sucesos reales o me ayudan a estar receptiva a otras personas y hacer contraste o sintonía con ellos.
Dentro de las lecturas, debo decir que Maturana y Varela me llevaron a lo descrito recién, a pensar en cómo pienso, a criticarme una y otra vez y después perdonarme y tener paciencia conmigo y mi poca experiencia, fue como leer la descripción de un curso, una propuesta, un camino señalado, pero no recorrido. Pude ver en lo planteado por estos autores que hay que pasar por otros libros y hechos, para volver y poner las experiencias una y otra vez a la luz lo que estos autores dicen. La idea de traer mundo a la mano, cómo construimos una y otra vez el mundo en el que nos desenvolvemos. Cómo el encuentro con otros se hace tan necesario para existir como uno, generaron revoluciones en mí, que continúan activas. Al mismo tiempo y coherentemente con lo propuesto parecía solo una teoría cuando intentaba entenderla.
Cuando hablo de un camino recorrido, pienso en nunca parar de recorrer, de cursar entre estos significados, experiencias y los hechos. Ya suena a una apresurada conclusión a este escrito, pero debo decir que esto más que final es el centro de mi paso por el Curso de Fundamentos.
Esta última idea me lleva recordar el camino del curso de Fundamentos y los conflictos que surgieron a mi paso, ya conté de aquel en relación a mi usual estilo de pensamiento. También podría hablar del espacio físico y cómo la disposición de las sillas me llevaron a concentrarme mucho en mis pensamientos, entrando en una especie de aislamiento, por lo que me encontré en incontables ocasiones intentando girar para ver a mis compañeras y no sentir sola la angustia que trae la conciencia del no tener verdades, ni objetividad, ni conocimientos que no fueran construcciones. En esos momentos lo más real y certero era que estaban mis compañeras ahí compartiendo esto.
Percibía que estábamos todos ahí, en seguida me encontraba con el conflicto que me provocaba el silencio de ellas, en las primeras clases, que coincide con el inicio del postítulo. En seguida pensaba cuánto de ese conflicto tenía que ver con mi poca paciencia, la vergüenza de siempre estar hablando y querer que alguien me rescatara de la verborrea, lo cual me fue muy claro cuando usted profesor se refirió a esta característica mía, ese “nunca te quedas callada”; fue un descanso y me dio rabia también, es difícil escuchar a otro. Pero bueno, el conflicto con el grupo era querer conocer qué les pasaba a ellas con todo los que estábamos leyendo y pensando al minuto de la clase, justamente los temas tocados me llevaban a buscar si todo el terremoto era para las otras también. Me sorprendía cuando fuera de la clase esto ocurría y por fin mis compañeras compartían su experiencia. Me encantaría que eso ocurriera en el Curso…aunque también si pienso todo lo que he dicho en relación a ver el Curso como fluir era tan consecuente que cosas ocurrieran afuera de éste.
Por ejemplo, cuando pasó que hablamos del Grupo T en Fundamentos, este hecho me hace pensar en cómo las lecturas y lo comentado en Fundamentos tenía algo de Grupo T en el sentido de lo terapéutico que es mirarse uno mismo y a los otros con la ayuda de teorías tan dinámicas que permiten incluir la experiencia al momento en que uno lee o habla, esta circularidad y simultaneidad, pienso; provoca la intensidad emocional de las reacciones de silencio de mis compañeras, mi explosión de comentarios, la explosión de todas en el que llamo “grupo café” después del Curso y por supuesto los conflictos con los que me iba a mi casa. Recuerdo eso sobre todo cuando apareció el tema del Grupo T o de las instituciones o incluso pensar en cómo la naturaleza va pasando de un estado a otro; al parecer algo clickeaban en mí.
Con relación a usted profesor, y cómo tan coherentemente con las materias propuestas, fue tan auténtico en contar sus experiencias e ideas. Lo que me sorprendió en contraste con esto, fue lo que alguna vez le expliqué como delicadeza con nosotras como grupo, quizás yo esperaba más empujones de su parte a ir un poco más allá como grupo En-Curso. En esto me siento más espectadora, ya que yo si me sentí directamente llamada a pensar acerca de mi posición con respecto al poder, el conocimiento, como cuando conté parte de mis experiencias con pacientes, creo que eso me sirvió mucho hizo que el Curso adquiriera más significado por ser experimentado ahí, el tener que verme pensando en mis principios organizadores y la fuerza o fragilidad de estos.
Ahora pienso; probablemente este deseo proviene de lugares oscuros todavía para mí, ya que es muy probable que no todas nosotras vivamos esto de la misma manera y no todas necesiten o busquen que alguien les proponga pensar acerca del propio comportamiento. Yo sí me sentía desafiada y me doy cuenta que parece que eso me gusta, sentir el susto de no saber que pensar, ni contestar. Queda claro entonces que un Curso tiene su ritmo, en tanto grupo y fluir o cambio, eso me queda más claro.
Me encuentro ahora mientras lo escribo con el apremio y mi ánimo por que pasen cosas. Que no se entienda que es en un afán de avanzar o algo parecido, creo que más que empujar el río, me gusta generar distintas corrientes, probar distintas y como me aburro de mi mano en ideas y comentarios quiero escuchar otras cosas, a veces uno se puede cansar de pensar lo mismo acerca de las cosas, me gusta la idea de que te muestren los puntos ciegos, aunque probable que muchas sigan siéndolo. Me gusta ver y compartir tanto como pueda la experiencia de otros, en este caso usted y mis compañeras. De donde viene este gusto, no tengo idea quizás es lo que me lleva a la vocación de conversar y escuchar a otros, desde que tengo memoria lo hago, no importa donde es solo algo que hago.
Parece que quiero abandonar un momento las declaraciones de principio y mi extremo narcisismo, del que (espero) me hago responsable cada día, para hablar acerca de lo significa tener que hacerse cargo de lo experimentado, escuchado y leído durante el Curso. El resultado de esto sería contradecirme deliberadamente y correr del Curso, salir, hacerme ciega y sorda y vivir en la ilusión que dan las respuestas teóricas. Viene la palabra terror a mi cabeza (muchas veces en clases). No tengo idea cómo hacerlo, cómo no ejercer poder con los pacientes, estar receptiva y a la vez activa en mi trabajo y en mis experiencias cotidianas ¿cómo deshacer el haber tenido acceso a lo hablado en el Curso de Fundamentos, como borrar a Maturana o Stolorow?
Al parecer voy a retroceder mil veces a este refugio, creo que debo reconocer que es tentadora la ceguera, incluso tomar lo visto en el curso de Fundamentos y volverlo una explicación más, desentenderme de la propuesta a mirar y trabajar de otra forma. Pero parece que ya no puedo. Que solitario es salir al mundo social cotidiano con esto, ¿cómo se explica algo que solo se puede proponer a través de acciones? Cómo salir diciendo no sé, para que los otros me muestren lo que ellos saben acerca de las cosas. Y eso creo que el paso por este Curso me llama a practicar en cada momento; pensar acerca de cómo pienso, revisar los sentimientos que me encuentro y cómo me acerco a los otros con preguntas honestas e intentando hacerme responsable de los mundos que construyo.
Creo que esto queda abierto, incluso desde de los caminos que pasé antes de conocer este Curso, que me llevaron a encontrar sentido en esta circularidad propuesta entre ser y hacer. Solo puedo decir que este curso me hace consciente de algo tan simultáneo como pensar y hacer y sentir, siento que fue una parada en el camino a mirar y entender algunas cosas sobre cómo entendemos las personas, los terapeutas, todos. Permanentemente esta clase me recordaba la misma sensación que tengo cuando trabajo con una persona al frente y lo que me gusta de hacerlo, como si todo estuviera pasando ahí al mismo tiempo. Podría decirse que es un Curso quieto, donde todo se puede apreciar con mayor tranquilidad.
* curso de mi vida.
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