jueves, 17 de julio de 2008

Trabajo Final 5

Dos Huevos… ¿Iguales?
Lee, luego siente y dime ¿Qué Crees?


I. Huevo Uno: “La Carolina”

H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida;
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E ntré a la Universidad y me fue bien.
V oy en mi tercer año de profesional.
O tra carrera? Jamás me lo he planteado.

Me acuerdo perfecto de ese día.. bueno, no tan perfecto, porque la fecha exacta no la sé. Pero sí recuerdo que fue en invierno del año 1998, en Viña… 7 norte con 2 poniente, en el depa de mis tatas, los papás de mi papá, en la pieza principal.. estábamos mi tata Omar y yo.
No puedo decir que teníamos una relación estrecha, ya que por ser yo del sur no nos veíamos mucho, pero sí lo quiero mucho. Además, si no fuera por él, en un 50%, mi papá no existiría, ergo, yo tampoco.
Yo había salido de IV° el año ’97, y me fui a Santiago a estudiar en Preuniversitario, porque el puntaje para medicina no me había alcanzado. ¿Medicina? Sí: medicina. Mi tata tenía cáncer, y cada vez que hablábamos con los doctores yo sentía que no nos decían todo realmente, lo cual me generaba una impotencia enorme y siento fue mi motivación inicial para estudiar medicina. Ahora que lo pienso, era un pensamiento un tanto mágico, porque mi idea era estudiar medicina para ayudar a mi tata.
Aquí entonces, es cuando vuelvo a la pieza de mi tata en Viña. Yo lo había ido a ver por el fin de semana, sabía que no andaba bien, especialmente en tiempo de quimioterapia, estaba realmente sensible.
Cuando llegué del terminal al departamento, recién venían a dejar a mi tata de la clínica para que descansara. Ayudé a que suba; él era no precisamente alto, pero sí maceteado, grande. Al llegar a la pieza lo sentamos en la cama; mi abuela se fue a la cocina y los enfermeros se fueron. Mi tata no se sentía bien, y la impotencia que yo sentía en ese momento no lo hacía nada de mal. Lo único que hacía era pensar en entrar pronto a la U, estudiar, salir y ayudar.
En ese momento recuerdo que sonó el teléfono. Era uno de mis tíos que quería hablar con mi tata para saber como estaba. Le pasé el teléfono y apenas podía balbucear algunas palabras. No estaba limitado por la quimio, si bien estaba muy cansado. Me dí cuenta de que la pena que tenía, era superior a él y no podía hablar, modular, sólo se agarraba la cabeza. FUERTE!!!! Era primera vez que veía así a mi tata. Imagínate!! Un hombre a quien siempre miraste hacia arriba desde chica, y que ahora estaba sentado en su cama llorando como un niño…. La verdad es que te sorprende. Mis emociones en ese momento eran libres y flotantes.
Al ver así a mi tata, y luego de salir del “estado de impresión”, lo único que reaccioné a hacer fue abrazarlo y preguntarle cómo se sentía. Posiblemente dirás que la respuesta era obvia: MAL!, pero necesitaba saberlo de él. Seguido a eso, me pidió que le pasara unas pastillas que estaban en su velador, y al dárselas le pregunté para qué servían, “para morirme” me respondió… lo miré y percibí lo desganado que estaba, la falta de ganas de vivir que sentía y la necesidad de que todo pasara rápido “me duele.. me duele” era lo que, en ocasiones, le oía decir. Sólo decía eso un par de veces en un día, no emitía palabra más alguna. Tenía metástasis en gran parte de sus órganos.
Fue en ese momento, en que creo pude sentir sus pocas ganas de vivir y darme cuenta de su deterioro progresivo, que me cuestioné algo vital en mi vida. Después de ayudar a que se acostase, me senté a los pies de la cama y me quedé contemplándolo. Y volvió ese cuestionamiento…. “¿Medicina?...... ¿Por qué?” y comenzó así un diálogo interno, en donde conversaba conmigo misma acerca de esta elección, hasta que en un punto de toda esta ideofugalidad todo se detuvo, y sólo quedó una idea “Medicina, para ayudar a las personas a estar mejor. ¿Pero cómo?” Eso no lo había pensado “¿Cómo ayuda la medicina? Con remedios y tratamientos… Pero eso no ayuda realmente, no se preocupa de conocer, integrar, sólo de mitigar y/o erradicar”
En eso me quedé largo rato, dándole vueltas a esa idea, hasta que vi en la cara de mi tata una expresión que interpreté como de dolor. “Dolor.. de dónde viene? Es más profundo que un malestar físico. Va más allá del dolor del cuerpo. ¿Cómo sentirse mejor si no se tiene ganas de vivir? ¿Si el combustible básico es precario y se extingue poco a poco?”.
Fue entonces que me di cuenta que para estar bien a nivel físico, se necesita bienestar con uno mismo, limpiar el alma, conocerse más y aceptarse de manera lo más integrada posible. Así se puede aspirar a una mejor calidad de vida, siendo concientes de uno, como individuo y como parte del mundo de los demás. Se necesita estar bien “de adentro” para así lograr estar bien “por fuera”, estar bien en aquello “intangible” para que se refleje en “lo concreto”.
Así, decidí entrar a estudiar Psicología, y si lo pienso, sigo con la misma convicción que hace 10 años atrás, con el mismo nivel de motivación para ejercer mi profesión. Tengo claro el motor que me impulsa y me reafirma día a día que escogí bien. En ocasiones flaqueo, pero eso también me gusta; me ayuda a parar, a cuestionarme, a “sentirme chica” y no aspirar a estar de manera permanente en “la cresta de la ola”.
Me titulé el año 2005, y luego de un viaje de despedida a esa Carolina estudiante y bienvenida a esa Carolina profesional, me ofrecieron trabaja en una consultora, en el área de capacitación, lo cual debo admitir llegó en el momento preciso y decidí tomar esa oportunidad. Me quedé con ella por un año y medio, hasta que ya, aquello que yo interpretaba como “señales” eran demasiado evidentes. “¿Señales?” Sí, por ejemplo, en aquellos talleres en que se trataban temas de relaciones interpersonales en el trabajo, me tomaba un tiempo considerable para conversarlos, lo cual me fascinaba! Y así surgió en mi cabeza la analogía de que ambas psicologías, laboral y clínica, son bastante similares. La diferencia es la manera en que se nos presenta el cliente/paciente. En lo laboral es la empresa y sus “conflictos internos”, por hablar con un vocabulario popular, mientras que en la clínica es la familia, pareja o persona con, también, sus “conflictos internos”. Ese modo de pensar me ayudó mucho, siento me que fue bien gracias a esa analogía.
En un momento, llegué ya a un punto en que me hacía falta la clínica, y decidí renunciar para volver a lo que me gustaba. Todas mis prácticas habían sido en clínica, llegué al área laboral gracias a una oportunidad en un momento justo, la tomé, probé, lo pasé bien y me di cuenta que extrañaba la clínica. Si bien renuncié, no me desligué por completo, ya que de vez en cuando sigo haciendo capacitaciones… Es el contacto con la gente y sus experiencias lo que me hace vibrar; escuchar, intentar entrar en su mundo para saber como es, acercarme lo más posible mientras me lo permitan.
Entonces renuncié! No fue fácil, pero sentía que si no era en ese momento, era nunca. Había estado un año y medio “fuera de las canchas”. Me sentía insegura, así que comencé a buscar qué podía entrar a estudiar que ayudara a pulirme y actualizarme. Fue así que entré a trabajar a Cenfa (Centro de la Familia) y a buscar estudios. Busqué bastante, y debo reconocer que pensaba iba a encontrar bastante más oferta de estudios. Si bien la hay, no encontraba nada que me motivara mucho, incluso este postítulo. Pero mi necesidad de segurizarme más era superior, este postítulo al menos abarcaba psicoanálisis y sistémico. Me gusta el psicoanálisis, pero no para aplicar, sí para entender, y me gusta lo sistémico, que siento se complementa bien con psicoanálisis. Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.


II. Huevo Dos: “La misma Carolina, pero distinta”

H e hecho muchas cosas en mi vida…. En mi corta pero intensa vida
U na de ellas fue decidir estudiar Psicología.
E n verdad, a 10 años de haber tomado esta decisión
V oy, siento, realmente comenzando a entender
O al menos eso creo, lo que ese camino significa

“Postulé, realicé todo el proceso, y aquí estoy, escribiendo un trabajo, ensayo, nota final, llamémosle como sea, para Epistemología.”

Cuando comencé el postítulo, tengo que reconocer me desorientó un poco. Mmmm, pobre ingenua, no sabía que ese “un poco” se transformaría en “Wow!!! Paren la centrífuga que se me está revolviendo todo!!!”.
Organizadamente yo había comprado mis cuadernos, uno para cada instancia, y casi los rotulo con la clásica calcomanía blanca. Sin embargo no lo hice, preferí conocer y después organizar… cosa en verdad poco usual en mí.
Así, cuando llego al curso, saco mi cuaderno para anotar “lo que el profe comente”, y me doy cuenta de que en realidad no hay mucho de contenido teórico que anotar, más bien era escuchar, pensar y comentar. Se generó en mí, de manera muy fluida, porque no me incomodó, una manera nueva de “estudiar”. Creo no me incomodó, porque en cierto modo siempre lo he hecho así, pero es primera vez que se me planta de manera tan evidente en frente.
No estudiaba de la manera clásica en que lo hacía antes; leyendo, subrayando y resumiendo, y luego haciendo un esquema del resumen, para finalizar con un esquema del esquema del resumen y así tener toda la materia lo más sintetizada posible. Lo que hice ahora de manera innata fue tomar los textos y leer, admito que subrayé, pero no me quedaban todas las páginas de color amarillo fosforescente, ahora eran sólo una par de líneas, que cuando las leía (no puedo dejar de usar esta expresión, ya que me interpreta mucho) traían el mundo del texto a la mano, y mucho más.
Muchas veces hablé, muchas otras callé, y la verdad es que cuando callaba es que tenía en mi cabeza una cantidad de pensamientos, ideas, preguntas, respuestas y sensación de estar reconociéndome, que si me proponía hablar dejarían de fluir, y las necesitaba, para pensar y sentir este proceso que comenzó hace un tiempo; “¿Qué respondería si me preguntan quién soy? ¿Cómo me definiría, en relación a qué y a quiénes? ¿Con qué vibro? Mmmm,… Cuál es mi esencia esencial?”

Estas preguntas, debo reconocer, me inquietan mucho, pero a la vez siento que sin ellas no tendría, al menos para mí, mucho sentido el estar vivos. Cuestionándome esto, siento que verdaderamente Yo Vivo Mi Vida, en relación a otros, y no los Otros Me Viven, ya que así como mi entorno influye en mí, yo también en éste. Jajaja, sé que ante este último comentario puede surgir tu cuestionamiento, que también surge en mí, que según Maturana cualquier cambio en el entorno generará una respuesta en mi, por ende se podría decir que de una u otras forma sí vives la vida. En donde hago la aclaración con respecto a mi comentario, es que yo escojo de manera consciente vivir, no como un ente que reacciona por inercia ante un cambio, sino como una persona que decide cómo reaccionar.
Siento que hay muchas personas que no viven su vida, más bien se la viven, reflejado en comentarios como “me tocó, yo no lo escogí” o “es lo que hay”, y tantos otros. Yo opto por hacerme responsable, no responsabilizar a otros, opto por buscar, no por sentarme a esperar. Me he pegado porrazos fuertes, sí. En ocasiones me he sentido un poco sola, sí. Pero me gusta, porque me motiva a continuar, tal vez con un par de moretones de los cuales me enorgullezco, son símbolos de crecimiento. Me hace sentir la necesidad de un otro, de reconocer, en contraposición a esa soberbia humana de “yo me las puedo sola”, esa debilidad tan linda, esa fragilidad tan exquisita del ser humano de necesitar de otro para encontrarse, sentirse amado y continuar esa búsqueda constante de uno mismo.
Hay un dicho, bastante paradójico, que me encanta: “En la vida, lo único permanente es el cambio”, y, al menos en mi experiencia, es verdad.






Escribiendo todo esto, me suele ocurrir en los momentos menos esperados, brotaron en mí pensamientos, sensaciones e ideas que dieron como resultado una síntesis, a mi gusto, bastante representativa de mi experiencia a lo largo del curso. Aquí va:


Una confesión debo hacer;
detenidamente los programas de cada curso jamás me senté a leer.
Pienso y la verdad no entiendo por qué no lo hice
“las cosas son por algo” por ahí se dice.
El sentido sí le encontré
y es que expectativas jamás me formé,
sólo llegué a la clase y me senté,
y atentamente todo leí y escuché.
Siento asimilé mil y una cosa
… es divertido esto de escribir en prosa…
No me desvío, te sigo contando,
muchas cosas a lo largo del curso me fui preguntando.
Confundida, asustada, eso no me estaba gustando,
siento raro todo esto que está pasando.
Poco no duró toda esta ambigüedad,
de hecho viene de antes, a más temprana edad.
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy?
Honestamente, en todas estas preguntas estoy.
De manera separada no se responden,
la verdad de unas en otras se esconden.
Gracias por reforzar mi cuestionamiento!!!!!
Tan perdida ya no me siento.
Paradójico puede sonar,
esto de tan perdida no estar,
ya que si bien este curso ha servido a orientarme
mmm….. es una tarea constante esto de encontrarme.
Me gusta esta, según yo, eterna aventura
siento que de cierta manera me asegura,
corrobora en mi algo que hace tiempo he pensado,
y es que cuando siento que mi búsqueda ha acabado,
no es verdad,
es sólo que desde otra perspectiva ha comenzado.


Carolina Angermeyer







III. Fin: “¿Parte práctica? Sí, parte práctica, integradora…
y de contexto, agregaría”

a) Parte práctica:
Junto con este trabajo, dentro de esa cajita, hice entrega de 2 huevos. Por favor; toma uno, cualquiera de los 2, y obsérvalo, siéntelo, descríbelo, defínelo… vívelo…….
¿Listo? Bien, ahora deja ese huevo y toma el otro… haz lo mismo; siéntelo, tómale el peso, defínelo….también vívelo…
¿Qué podrías decir acerca de ambos y cada uno? Como bien te propone el título de este trabajo, ensayo, o el nombre que sientas más representa a estas hojas con letras…. Estos dos huevos, ¿son iguales?... luego de haber leído, sentido y pensado… ¿quieres contarme qué crees?

b) Fin:
Cuando se habló del trabajo final de este curso, fue planteado de manera muy amplia, dejando abiertas dos posibilidades; desesperación total por falta de límites.. mentira, se dijo “no más de 10 hojas”, eso es un límite. Entonces, más que desesperación por falta de límites, desesperación ante la falta de estructura, ó, por otra parte, dejar volar la imaginación.
Opté por la segunda. Si bien en un inicio pasé por la primera, demoró poco en llegar la calma y ver qué podía hacer.
Yo interpreté esta amplitud, conectada a la percepción que tengo acerca de este curso, como la libertad de no preocuparme por hacer un trabajo tan formal y encuadrado como uno acostumbraba a hacer en pregrado, ya que cuando uno pone mucha cabeza a las cosas, siento que pierden su esencia, y la idea que tengo, es que precisamente eso es lo que este curso propone….. volver a la esencia….. y ¿qué es la esencia?... siento que en la vida misma está la respuesta; en la manera de vivirla, sentirla y pensarla….en la manera de experienciarla.

Es esa pregunta… ¿qué es la esencia? la que, en un mínimo grado, quiero responder por medio de la analogía de los 2 huevos, aludiendo un poco al proceso que he vivido desde hace un tiempo y se hizo más presente en este curso.
Un huevo de los entregados es duro y el otro sin cocer. Aparentemente son iguales, pero en verdad son distintos. “Iguales, pero distintos” y es ahí donde entra la esencia. Es aquello que cambia, pero permanece. Aquello que con el pasar de los años va cambiando de forma, pero manteniendo sus características básicas. Aquello que a nivel ontogénico se mantiene, pero que filogenéticamente cambia. Esa es la esencia, y ese es su misterio; la paradoja que lleva dentro…. En su esencia pura.

La finalidad de la vida no es encontrar La Esencia, o La Verdad, o La Felicidad, sino recorrer su camino, y siento esa es también parte de la tarea de la Psicología; ayudar a los demás a recorrer ese camino, apoyado en las propias herramientas y conocimientos, pero, a la vez desprendiéndonos de ellos, buscando intentar acercarse lo máximo posible a la experiencia del otro, pidiendo permiso para hacerlo y ofreciendo nuestra compañía en el tramo del camino que esa persona sienta nos necesita como compañero y a veces guía… y también nosotros aceptando y mirando tiernamente nuestras propias debilidades, para así entenderlas y tenerlas como recurso, más que como obstáculo..
Esa es mi propuesta, te invito…..Ese es mi desafío.

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