sábado, 19 de julio de 2008

Trabajo Final 6

Escuela de Psicología
Postítulo de Intervenciones Psicoterapéuticas en Adultos
Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia

Trabajo Final

Profesor: Matías Fernández
Alumna: Siboney Cáceres
Fecha: 4 de Julio de 2008

Para comenzar quiero plantear que todo lo que he experimentado en el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, surge dentro del contexto de mi experiencia durante este tiempo en el postítulo y para ello contaré lo que me pasó cuando éste comenzó.
Tenía una gran cantidad de expectativas cuando decidí volver a estudiar, especialmente ganas de perfeccionarme y profundizar teórica y prácticamente en la psicoterapia, me parecía lo mejor para mi como profesional, fundamentalmente para adquirir seguridad y llenar vacíos de mi años de estudios.
Llegué a las primeras clases del postítulo y al ir dándome cuenta como funcionaban las cosas, sentía que todo lo que yo esperaba que sucediera, sucedía de una manera muy distinta y eso fue un impacto, encontrarse de pronto con que los cuadernos prácticamente no me servían, no había materia, ni un gran peso teórico sino más bien vivencia, experiencia y reflexión.
Entonces comenzó a suceder en mi lo que he podido nombrar como un terremoto emocional y debido a todos los movimiento a este nivel que sentía, empecé a dejarme llevar y aceptar lo nuevo con una sensación bastante intuitiva de que sería bueno para mi, ya que me considero demasiado racional.
Y en este contexto surge mi experiencia con el curso de Fundamentos Epistemológicos de la Psicoterapia, que creo que en términos generales y reflejándola a través de una metáfora, podría decir que lo que me pasó fue ir quitándome de a poco vendas que cubrían mis ojos y junto con ello sentir que lo que iba viendo se iba incorporando a mi, por lo tanto ya nunca más podría negarlo y sería parte de mi manera de ver la vida y de ser psicóloga.
Con lo que voy a comentar a continuación pretendo dar cuenta de cómo con respecto a diversas temáticas fueron cayendo las vendas de mis ojos y contar lo que yo sentí con la incorporación de nuevas visiones.
Para comenzar creo que uno de los temas de más peso que pude descubrir y reflexionar con profundidad es el de la autoridad que tengo solamente por ser psicóloga. Esto me remeció mucho y creo que intente negarlo porque me pareció increíble sentir que solo por el hecho de tener un título profesional que tiene una validación social se me considere capacitada y apta para decidir sobre la vida de otros y como esos otros se entregan a veces muy confiados a esta experiencia.
Me pareció que estaba expuesta a dejarme seducir por ese poder que muchas veces los mismos pacientes sin querer nos potencian y pensé qué conciente tengo que estar para no dejarme llevar por esta autoridad y ejercerla de manera incluso tiránica al decirle por ejemplo a alguien cómo es mejor vivir.
Siento a la vez que fue bueno estar más conciente de esto, porque yo de alguna forma ya lo venía pensando a partir de mis experiencias profesionales sobre todo en las supervisiones que tuve antes del postítulo, lo que a mi siempre me hacia sentido era reflexionar acerca de que por alguna razón que aun no tenía muy clara no quería ocupar mi rol como psicóloga para decirle a nadie qué era lo mejor para su vida, qué debía hacer y cómo. Ahora puedo entender con más profundidad que esto tiene que ver con mi manera de ver un proceso terapéutico, como un espacio para ir descubriendo con la ayuda del psicólogo(a) como una especie de facilitador, quién es uno y cómo quiere vivir, cual es su deseo.
Con respecto a este tema de la autoridad que uno representa como psicólogo, creo que lo que más me costó fue pensar que ésta es inevitable y hasta necesaria para hacer un trabajo terapéutico, en el sentido de que necesitamos que exista transferencia con los pacientes y ellos nos otorguen un valor para poder ayudarlos. Aquí me gustaría señalar que una de las la reflexiones que abordamos bastante en clases y me pareció de vital relevancia es la de ser capaz de dejar caer esta posición frente a nuestros pacientes en el momento adecuado, cuando ellos lo requieran y tener la humildad de no esgrimir argumentos que perpetúen el tiempo con ellos solo para reafirmar que somos buenos terapeutas, esto me parece un principio ético que yo quisiera no olvidar con los años.
Este tema de la autoridad me trajo aparejado otra gran temática, la de la responsabilidad, al saber que necesariamente tengo una influencia con mis pacientes, solo por el hecho de estar ahí en una relación en la que tengo una autoridad, me hizo sentir intensamente lo responsable que debo ser.
Yo antes del curso, abordaba la responsabilidad como terapeuta de otra forma, pensando que tenía que leer millones de libros para saber mucho, tenía que mostrarme muy adecuada y formal con mis pacientes y responder casi de manera incuestionable a un encuadre que aprendí en la universidad de carácter bastante clásico. Pero con mi experiencia en el curso le tome el peso a la verdadera responsabilidad que creo tener y que es la más difícil de aceptar, por lo grande que es para mi, que cuando estoy con mis pacientes estoy con todo lo que soy, con mis creencias, sentimientos, prejuicios, etc… y que necesariamente con ellos influyo en mis pacientes aunque crea no hacerlo, porque es imposible ausentarse de ser uno mismo, por lo tanto es mejor hacerse cargo de eso y tratar de canalizarlo de la mejor manera posible, planteando a los pacientes mis intervenciones como posibilidades y no como verdades absolutas, sabiendo que estas son apuestas y solamente uno de muchos caminos a elegir que pueden resultar ser buenos o malos para los pacientes, pero que eso es algo que ellos deben juzgar.
También he pensado que ser así de responsable no es tan terrible porque la elección del paciente puede ser tomar o dejar lo que uno propone y eso para mi es sentir que puedo tener pacientes que ejerzan su libertad, lo cual a mi también me libera y puede ser una manera de alivianar la carga, pero hasta el momento me sirve. Además también pude comprender que dentro del enfoque intersubjetivo no hay nada tan irremediable porque cualquier intervención que pudiera resultar en un impas puede ponerse en juego en la relación y así buscar salidas para ella.
En este sentido, me surgió una sensación interesante, porque antes yo tendía a anticiparme a lo que pensaban mis pacientes entrando en un diálogo interno y cerrado a través del cual creía que llegaba a conocer su verdad. Las reflexiones que se produjeron en el curso me han llevado ahora a pensar bastante más antes de caer en esto y por esta razón tiendo más a preguntar a los pacientes si lo que yo creo es acertado o no, lo cual me hace salir de un entramado de ideas en las que me sumergía y con las cuales no sabía qué hacer a veces.
Por otra parte, pero también en relación al poder pude conocer y comprender más en que sistema estoy inserta y lo que ello implica. Me cuestioné bastante mi rol al darme cuenta que existen y han existido muchos abusos en nombre del poder que he mencionado, incluso me cuestioné la profesión, pensando cómo es posible que en el área que estoy ocurran cosas tan atroces.
Al respecto pensé cómo las construcciones sociales acerca de la salud mental a veces dejan a personas del lado de lo insano y así los hacen pasar por un peregrinaje de instituciones que no necesariamente los ayudan.
Esto yo lo puedo relacionar con el establecimiento de diagnósticos en salud mental, donde pasa con frecuencia que la persona se transforma en su diagnóstico, es decir, no tiene una enfermedad sino que es la enfermedad. Para mi ha sido impactante tomarle el peso a esto porque me ha conectado con la sensación de que el ser humano se pierde, ya ni siquiera importa su nombre, yo lo veía antes en mis clases de psiquiatría cuando nos mostraban pacientes como si fueran cosas y en mi experiencia profesional he visto a tantos que caminan con un cartel presentándose de esta forma al mundo.
A partir del curso, se me fueron despertando ciertas autocríticas porque creo que muchas veces yo he pecado de discriminar a los pacientes por sus diagnósticos he incluso pienso que tengo bastantes prejuicios al respecto, que más de alguna vez dejé que influyeran quizás inconcientemente de manera negativa en mi actitud como terapeuta, tal vez sintiendo que con los casos de personas que tienen diagnósticos más severos no había mucho que hacer, por lo tanto descartándolos de la posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida porque me habían enseñado que ellos tienen un tope y lo demás es caso perdido.
Yo he pensado que no es necesario ser tan extremo al respecto, que se pueden considerar los diagnósticos solo como una guía para entender ciertas dinámicas que se dan en la relación terapéutica, sin caer en olvidar lo particular de la persona en este proceso.
Por otra parte, algo que me pasó y de mucha importancia fue cuestionar cual es la visión que tengo de la relación terapéutica, el conocer la visión intersubjetiva me despertó a nuevas posibilidades, antes impensadas para mi y sobre todo a darme cuenta que lo que a mi me sucede, mi contratransferencia es importante y útil para ayudar a mis pacientes. Yo antes intentaba negar lo que me pasaba en los procesos terapéuticos con los pacientes, porque había aprendido que no era bueno “contaminar” las relaciones.
Creo que ahora realmente me he estado abriendo a un mundo distinto y me siento mucho más auténtica y honesta al estar más en contacto con mi propia resonancia y utilizarla, creo en ello y he visto en términos prácticos que me ha servido mucho. Pero esto también tiene su lado duro, porque implica exponerme en términos emocionales y a veces tengo miedo de que se me pase la mano y no poder modular mis emociones, o sea abrir una válvula y quizás no saber regularla adecuadamente.
Además el conectarme con la visión que está detrás de esto de que no vivimos en una mente aislada sino que lo que nos sucede se da en las relaciones con el otro desde nuestra infancia, me ha llegado mucho porque me ha hecho sentido con mi historia vital, siento que puedo acceder a desprenderme de culpas. Definitivamente éste ha sido un giro importante que aun estoy asimilando, pero que me va gustando, se parece a lo que yo de manera intuitiva había pensando que me gustaría hacer como terapeuta, ahora voy encontrando nombres para aquellas cosas que estaban muy poco elaboradas.
Todo esto me lleva a una reflexión muy profunda que tiene que ver con la imposibilidad de separar el rol de psicóloga con el de persona, me voy dando cuenta con el tiempo que siempre que estoy trabajando con mis pacientes estos me llevan a conectarme con lo que yo soy, mis vivencias, mis sentimientos, creencias, valores, prejuicios, en fin con mi historia, ya no puedo ser aquella persona que logra separar estos ámbitos. Tal vez descubrí que es imposible, porque todo lo que implica ser psicóloga implica conectarme con lo que yo soy.
Esto me hace sentir confusa y a veces me cansa estar viéndome en tantos espejos (pacientes), este curso me ha hecho sentir que para ser mejor psicóloga tengo que saber mucho más de mi, yo siempre lo creí pero ahora lo vivo y es intenso, en ocasiones me agoto. Pero yo lo elegí y creo que no es malo, solo difícil ¿pero quién me dijo que iba a ser fácil?.
En cierto modo creo que las distintas vendas que he ido quitando de mis ojos, de las cuales hablé anteriormente, me van permitiendo adquirir mayor amplitud de visión y con ello puedo conectarme más conmigo, porque me hago preguntas, me respondo dudas y me escucho en lo íntimo, quizás hasta me he podido querer un poquito más y aceptar que muchas veces como dice el dicho popular “es lo que hay”.
En el fondo siento que definitivamente ya no soy la misma persona que se inscribió en el postítulo, que buscaba desesperadamente teorías en que afirmarse y libros que devorarse, ahora quiéralo o no miro más hacia mi, me conecto más conmigo y todavía quiero teorías pero más que nada porque me hace sentido encontrar explicaciones, ya no siento que encuentre grandes verdades incuestionables en ellas y si me siento un poquito más confiada en mi y eso de verdad me gusta mucho, lo voy disfrutando.

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