sábado, 19 de julio de 2008

Trabajo Final 7

¿Término o comienzo?

Se me hace muy difícil intentar explicar lo que el paso por este curso generó en mi, será quizás que me parece inexacto hablar de “aprendizaje” y enumerar “lo que aprendí”, o mejor dicho, “lo que desaprendí” durante este largo y complejo semestre. Considero, por tanto, que es más acertado hablar de “cambio” al referirme a mi experiencia, tomando en cuenta que este concepto engloba en su plenitud que fue pasando conmigo semana a semana.
Ahora la gran pregunta que todo lo complejiza; ¿Qué fue lo que cambió? ¿Que es lo distinto entre el antes y el después, que sea atribuible a este ramo? Creo que el cambio al cual me referiré, es un complejo proceso de distintas etapas que vale la pena exponer con una explicación detallada, y que dada su complejidad, intentaré simplificar haciendo uso de mis más oscuros y siniestros rasgos obsesivos.
De esta forma, a continuación expondré una especie de teoría acerca de lo que fue pasando conmigo a lo largo del semestre, y afirmo que es “una especie de teoría”, dado que hasta el momento, se cumple sólo para un individuo.

1. Etapa de la incomprensión

Para contextualizar, asistí a mi primera clase de epistemología esperando aprender nuevas cosas mediante la modalidad de enseñanza que tan conocida me era, con el objetivo de “saber acerca del hacer” en psicoterapia. Sin embargo, muy por el contrario, me encontré con un entrelazamiento de cuestionamientos, que no tenían respuesta simples y lineales, que en variadas ocasiones se dirigían con mayor claridad al “no hacer”; y que finalmente, convergían en un punto: me empujaban a empezar de cero, volver a pensar una infinidad de conceptos, ideas y prácticas que hasta ese momento estaban asentadas en “mi saber”, y por que no, también recordar que la vida no es tan fácil.
Dado este contexto, creo que no podía augurarse algo distinto a la completa confusión, durante un tiempo no logré entender cual era el final de este camino que emprendíamos en marzo, ya ni siquiera recordaba como era que había comenzado, con la idea persistente en mi cabeza ¿dónde me vine a meter?, y además, con la sensación de que yo había elegido mi butaca, comprado mis cabritas, y me habían cambiado la película antes de que ésta comenzara.
Finalmente, creo que lo más difícil de esta etapa, fue aceptar que debía dejar que transcurriera el tiempo, hasta que pudiera comprender que haría con todas estas nuevas ideas que estaba escuchando, como me tomaría esta nueva actitud frente al mundo, y sobretodo, como se introduce en la práctica clínica.

2. Etapa del cuestionamiento

Yo describiría esta etapa como la “aceptación de la invitación”, fue el momento en que me di cuenta que ya no había vuelta atrás, que ya tenía una serie de preguntas en mi cabeza imposibles de evadir, y que por mucho que lo deseara “de este carro ya no me podía bajar”, el tren no se detendría y debía llegar al andén, sea cual fuese éste.
Las preguntas atravesaron transversalmente mi vida, me remecieron, me invadieron, me aburrieron, me fascinaron, y muchas veces me agotaron, principalmente porque no hubo aspecto alguno de mi vida que pudiera evadirse de ellas, dado que la profundidad del cuestionamiento llegaba a las raíces de mi postura frente al mundo. Sentí que ya ni siquiera aquellas cosas más simples eran como antes; ir al supermercado era diferente, aunque la cajera, los productos, los precios e incluso la trayectoria eran los mismos, había algo distinto en la forma que yo enfrentaba y vivía ese momento, definitivamente algo había cambiado aún cuando en muchas ocasiones no fuera capaz de explicitar que era aquello, o de que manera se había gestado en mi.
Considero, que preguntarse acerca de la epistemología no es tarea fácil en lo absoluto, porque tiene la dificultad que no puede objetivarse y mirarse desde afuera, sino que requiere compenetrarse con las ideas, empaparse del cuestionamiento, y aprender a vivir con él y sus consecuencias a cuestas. Por esto, creo que las palabras más apropiadas para describir como fue que sobreviví a este arduo período son: paciencia y confianza. Con la primera me refiero a la capacidad de esperar y sobreponerse a la ansiedad, creer en que algo pasará después, en que hay algo por venir, y que a una parte de mi sólo le quedaba sentarse a esperar. La segunda, remite no sólo a la convicción de que mi estructura será capaz de resistir el remezón propio de el fuerte cambio que estaba viviendo; sino que también a la suposición de que hay un otro, al cual este camino le es en algún sentido familiar, alguien que no murió en el intento, y que me empujaba hacia el precipicio prometiendo que la caída no sería mortal.

3. Etapa de la aceptación

“Ya estamos en este tren” me decía a mi misma, “las cartas ya están echadas” y sólo queda mirar alrededor e intentar darle algún sentido a todo lo que me estaba pasando. El sentimiento que me inundó en este período fue de incertidumbre: ¿y ahora qué?, ¿qué hago con todo esto?, ¿cómo llevo a la escena clínica lo que en este largo proceso he ido descubriendo?, y aunque di varias vueltas a esta última pregunta, esperando recibir una especie de receta, que sostuviera todas mis dudas e inseguridades respecto a la implicancia de tomarse el enfoque intersubjetivo como un modo de vivir; tengo la sensación, de que las respuestas se fueron dando de forma bastante natural, descubrí que el tomarse la vida en su completitud desde esta nueva perspectiva, genera inevitablemente una actitud de respecto, comprensión y humildad frente al paciente, y frente a la psicoterapia.

4. Que comience la función…

Definitivamente no es fácil tolerar la incertidumbre, y aún más difícil es aceptar que la incertidumbre llegó para quedarse. Creo que con ella puedo hacer dos cosas; negarla e intentar convencerme de que siempre sabemos hacia donde vamos, que en la vida o con un paciente los sucesos son predecibles, y más aún, que es posible establecer el movimiento de las piezas frente a dichos sucesos; o bien, aceptar como dicen por ahí que “se hace camino al andar” y que antes de recorrerlo siempre estará instalada una gran cuota de ignorancia y desconocimiento.
Siento, que gran parte de la dificultad para acoger la incertidumbre antes mencionada, tiene que ver con la posición de experto en que muchas veces nos ubican y, por supuesto, en la cual nos acomodamos, me refiero a aquel olimpo desde el cual el terapeuta observa el objeto que tiene en frente, lo analiza, y calcula cada movimiento necesario para conseguir los objetivos por el mismo trazados, convenciéndose a si mismo de que sabe que es lo mejor para ese paciente que llega a su consulta, esperando encontrarse con un experto…



Carla Gutiérrez Daroch

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