martes, 15 de julio de 2008

Trabajo Final 2

En este relato acerca de mi experiencia en este curso de fundamentos epistemológicos de la psicoterapia, que creo que he cumplido mis expectativas en este postitulo al encontrarme con una caja de sorpresas, quizás se acostumbra que en la formación de pregrado la forma de enseñanza es el decirle al alumno como se deben hacer las cosas y que método o teoría es la mas adecuada a su aprendizaje, por lo que el alumno es un ser “pasivo”, ante la autoridad que serian los “docentes”.Creo que al entrar a estudiar esta carrera tenia una serie de expectativas que ha medida que pasa el tiempo y sobretodo trabajando a nivel institucional se produce una gran frustración, por sentir que existe una desesperanza general frente al sistema, que no ayuda a nuestros pacientes, sino mas bien los empeoramos frente a diagnósticos, fármacos y centros de internación se les “encasilla”, y me integro ya que no podría decir que nunca he caído en este juego de poder, es decir “si el terapeuta lo dice así debe ser”, poca veces nos damos el tiempo para pensar como estoy haciendo mi trabajo o el llegar a pensar por que me pasa esto o lo otro con mis pacientes, por lo que el entrar a este postitulo y en especial este curso , ha sido un terremoto en el ámbito emocional en el sentido de que creo que estaba preocupada de hacer las cosas bien con mis pacientes, sin preocuparme de lo que me sucedía a mi como persona, no se por que tendemos a separar frecuentemente el ser persona con el “ser terapeuta”, pensando muchas veces que el ser persona es mi esencia, mi autentico yo y esto hay que dejarlo de lado cuando se habla de ser psicólogo- terapeuta, este curso a hecho cuestionarme muchísimas cosas tanto personales como de la profesión, como lo que acabo de nombrar anteriormente, esta separación tan ilusa, como si la persona tuviese que desaparecer al estar frente a un paciente o no estuviese permitido que la persona que consulte a mi, pueda acceder a mi esencia, pero yo si a la de él, como muchas veces lo cuestionamos en el curso, por que se nos hace tan difícil mostrar nuestra contratranferencia al paciente, ¿será por que creemos que quedáramos mas expuestos?, o por que queremos mostrar al paciente que nuestra vida es distinta?, o por que ¿nos quitara el poder que nos compete ante este?, extraño ya que mientras mas lejano y poco autentico te perciba el paciente menos será nuestra capacidad de ayudar a la persona que esta frente nuestro, como decia Maturana, Coddou y Mendez “La relación terapeuta paciente se da en un contexto en el cual el paciente otorga al terapeuta el poder para decidir sobre su vida, esto es lo que da origen a la responsabilidad social del terapeuta, el paciente otorga poder a este consenso social, al aceptar que se le atribuya una patología bajo la creencia de que alguna otra persona tiene la autoridad para decidir sobre su estado por tener un conocimiento objetivo realmente”, acá entramos a la responsabilidad ante los diagnósticos, tema que me resonó fuertemente en mi practica clínica, ya que mi experiencia a nivel institucional marca una jerarquía de cargos en el que la persona que hace el diagnostico es quién tiene el inmenso poder de la verdad absoluta, siendo indiscutida su postura, a continuación voy a relatar una experiencia vivida este año que me marco notablemente mi trabajo clínico y así de esta manera me hizo mucho sentido los textos leídos como juicio a la psicoterapia entre otros, una paciente de treinta y cinco años de edad, asiste a la institución para la cual yo trabajo como psicóloga, siendo derivada de un hospital publico por un psiquiatra con el diagnostico de Esquizofrenia, ante sus antecedentes aparecía que esta “enfermedad” fue diagnosticada por un especialista, cuando la paciente tenia veinte años de edad, siendo siempre tratada con apoyo farmacológico y terapia individual con psicólogo, en un comienzo al sentarme frente a esta paciente sentía que no presentaba el diagnostico antes mencionado, tanto por su sintomatología como por el contacto que ella tenia a nivel emocional, la paciente siempre me hablo no desde ella, sino desde su diagnostico, pareciera que su identidad como ser humano, se componía solo por el hecho de ser Esquizofrenia y ante esta patología se comportaba como tal y desde ahí partía su historia con el siguiente relato:“no trabajo por que soy esquizofrenica y mi familia me cuida para que no me pase nada, seria un riesgo el trabajar”, “no cuido a mi hija por ser esquizofrenica”, dejando la responsabilidad de ella en su rol de madre en manos de terceras personas, no teniendo ningún control frente a sus decisiones, en bastantes ocasiones fue internada en la unidad de psiquiatría del mismo hospital por estar mas pasiva o agresiva que de costumbre “o por que “no hablaba” mis padres me llevaban a internar”, pasando por muchas hospitalizaciones psiquiatritas durante el transcurso de su vida, al ser tratada toda su vida como confirmando tal diagnostico hacia que esta persona se comportara de acuerdo al estigma de su diagnostico, pensé en ese momento tener dos alternativas ante esta paciente: una continuaba realizando la terapia de acuerdo a su diagnostico o dos la que me pareció mas sensato en ese momento ante la cual me incline, el derivar a otro especialista (psiquiatra), para descartar el diagnostico de Esquizofrenia, por que a mi juicio no me encontraba con una persona Esquizofrénica sino frente a un diagnostico erróneo y una persona que había vivido aproximadamente quince años de su vida comportándose y siendo tratada con una persona “enferma mentalmente”, lo que me hizo mucho sentido en un texto leído para este curso el termino de “insania moral” dado que el termino en efecto significa que las personas no viven en la forma en que uno desearía que lo hicieran” “la tiranía de juzgar la vida de otra persona, fue y es la fuente misma de la psicoterapia”, esta frase me marco demasiado y se me pasaron por mi cabeza variados sentimientos y sensaciones y me pregunte ¿que nos creemos los terapeutas?, ¿Cuál es el fin ultimo de la psicoterapia?, ¿Cómo saber si es que estoy haciendo bién mi trabajo o no? ,incapacitándola para tomar deciones frente a su vida como que pareja elegir y no hablar de tener intimidad con un hombre o simplemente inhabilitándola ante su rol de madre (ya que no la dejaba sola su familia con su hija de seis años por temor a que ella no cuidaría bién de ella) por que todo“ esto no era permitido para una enferma mental”, finalmente una psiquiatra con la cual tuve contacto directo con respecto a este caso, descarta rotundamente la esquizofrenia como diagnostico de esta paciente, al momento de informarle a la paciente del erróneo diagnostico que ella había tenido por quince años, esta reacciono preguntando ¿Cómo se comporta la gente normal? “siempre me enseñaron las conductas de mi enfermedad pero no cuáles eran las esperadas para la gente normal”, “no se ser persona por que todos estos años he sido enferma y me han tratado como tal”, esta paciente reacciona con incertidumbre frente a su equivoco diagnostico adjudicado durante años, mi cuestionamiento fue mas grande aún: ¿Cómo es posible reinsertar a esta persona a una sociedad en la cual estuvo tal alejada durante años? ¿Cómo insertar socialmente y familiarmente a esta persona? Mis dudas e incertidumbres crecen aún mas y comienzan a surgir diversas sensaciones y preguntas frente a la salud mental, con todo este análisis de caso, quiso expresar el daño que se le puede hacer a una persona encasillándola con un diagnostico, y lamentablemente pienso que poco a cambiado la salud mental en este país, ya que Aún existen los centros de internación en el cuál son “obligadas” muchas personas a internarse por “ser un problema a nivel familiar” (me refiero a que no cumple los requisitos de normalidad para su familia) o simplemente por no cumplir con los cánones esperados para ser un miembro activo en esta sociedad en la Cual estamos inmersos.
La responsabilidad y ética a la que entonces hago alusión o de la forma como yo la percibo tiene que ver primero que todo, con el cultivo de la humildad personal y luego respecto de los reales alcances de nuestro quehacer profesional (claramente bastante más humildes de lo que uno quisiera), a la manera en que probablemente lo haría el iniciado en el conocimiento del budismo zen, apreciando siempre cada fenómeno como si fuera la primera vez y teniendo como única premisa el hecho de que nos encontramos inmersos a un sin fin de descubrimientos y aprendizajes que en un mar de certezas y verdades únicas. Tiene que ver también, con una conciencia y entrega de la manera más comprometida posible, respecto de la generación de aquella verdad compartida e irreplicable entre nosotros, como personas capaces de equivocarse y aquel otro ser humano que nos solicita ayuda, aferrado también a sus propios dolores y padecimientos, que también constituyen parte de su verdad. Es aquí en donde a mi parecer, es necesario esforzarse permanentemente por estar “genuinamente presentes” respecto de nuestra propia experiencia en interjuego con la de nuestros pacientes, al mismo tiempo que cultivar una “conciencia abierta” que nos permita conocer la escenificación que juntos estamos trayendo a la mano, de tal manera de intentar alcanzar siempre, el conocimiento de la” pauta total” que juntos hemos co construido.
De esta forma para poder comprender el mundo que nos traen nuestros pacientes hemos de empezar a comprendernos a nosotros mismos, es decir, a los propios observadores y a más bien reemplazar el concepto de objetividad por el de responsabilidad y ética” (Maturana & Varela, 2003). En relación a esto, Varela refiere que por un lado, “nuestra percepción está en nuestro sustrato biológico como cuerpo; por otro lado, nuestras descripciones son plenamente capaces de dar indefinidamente descripciones de si mismas a muchos niveles. A través del sistema nervioso, estos dos modos de clausura a fin de constituir la experiencia más íntima y más difícil de encontrar de todas: nosotros mismos” (Segal, 1994, p.167),
Claramente estas ultimas frases describen lo que me ha pasado mas que un descubrimiento de teorías que me puedan ayudar en mi practica profesional es mas un conocimiento propio que en momentos sentía que iba bien encaminada mientras que en otras situaciones sentía que lo que estaba haciendo era nada“ ante el paciente, creo que reconocer al otro como legitimo otro, ayuda a conocer nuestros limites de la practica clínica y de esta manera ir integrando las diferentes teorías según encajen para nuestra ayuda terapéutica, la importancia de ubicarse en una pocision de igual a igual frente al paciente, el poder pararse desde ahí en la clínica, si uno se sitúa desde esta visión es otro mundo que se abre distinto al mundo que puede traer el paciente a la mano, en el plano de la autenciadad hacia el paciente, creo que cuando uno esta comenzando quizás por temor a hacer las cosas mal tendemos a “imitar” a lo que es “ser un buen terapeuta”, según nuestra visión y percepción de esto o lo que muchas veces no han enseñado, sin permitirnos equivocarnos o reconocer nuestros errores ante el paciente, la idea final es incorporarse uno a la escena como uno es y también como participante activo ante la realidad y legitimidad del otro.

esto me hace mucho sentido con lo que he sentido a lo largo de este semestre, el conocerme mas yo, para donde voy, quien soy y hacia donde quiero llegar tanto como persona como terapeuta, pero la esencia del ser persona siempre esta ligada a nuestra formación como terapeuta.
Humberto Maturana y Francisco Varela proponen entre acción y experiencia, aquella inseparatividad entre ser de una manera en particular y como el mundo nos aparece, advirtiéndonos que todo acto de conocer, trae un mundo a la mano (Maturana & Varela, 2003), colocando al mismo tiempo de relieve la clásica frase: “todo hacer es conocer y todo conocer es hacer” (Maturana & Varela, 2003, p.
Quisas por la costumbre de que nos es importante destacar que la subjetividad del terapéutica construida básicamente en su historia de vida personal, es realmente la base orientadora que lo impulsa por ejemplo, a elegir atender a determinados pacientes y no a otros, que lo motiva a considerar determinado estilo, marcos teóricos y técnicos y no otros, como verdadero fundamento que orienta su comprensión de las personas, de la realidad y evidentemente de sí mismo, independientemente que exista de aquello un darse cuenta más menos elaborado.
De este modo, lo más delicado a mi juicio, es que uno como terapeuta no se haga cargo de la articulación entre su subjetividad y él o los modelos teóricos y técnicos que ha elegido.









E.T.H.

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